• Y el milenarismo llegó

    Es probablemente uno de los momentos más célebres de la televisión en España, un Fernando Arrabal beodo interrumpiendo constantemente la tertulia dirigida por Sánchez Dragó de El mundo por montera sobre el Kali Yuga. El tema a tratar tenía relación con una serie síntomas de decadencia que el propio Dragó enumera en su introducción, de ahí la célebre cita convertida en chiste: «El milenarismo va a llegar». Pero aunque esto haya sido motivo de mofa durante más de 30 años, el paso del tiempo demostró que el excéntrico dramaturgo tenía razón y el milenarismo acabó llegando.

    No es mi intención meterme en el charco de ponerme a hablar de teología en profundidad, principalmente porque soy totalmente lego en la materia, pero también porque no es necesario para el propósito de esta entrada. Sin embargo, sí es conveniente que me pare en un par de definiciones. El significado original de milenarismo ha estado siempre bien definido dentro de la escatología cristiana. Se refiere a la creencia de algunos cristianos de que, basándose en el capítulo XX del Apocalipsis, después de la Segunda Venida de Cristo se establecerá un reino mesiánico de mil años que precederá al Juicio Final. Según el Apocalipsis, los habitantes de este reino serán los mártires, que tendrán el privilegio de vivir en éste con mil años de anticipación a la resurrección de los muertos. Sin embargo, primeros cristianos interpretaron esto en una manera más bien libre que literal, por lo que pensaban que dicho reino era inminente, que su llegada sería repentina y que ellos vivirían para verlo, por lo que tenían que estar preparados. Las sectas milenaristas se caracterizan por una imagen de la salvación que tiene los siguientes elementos: es colectiva —sólo para los creyentes fieles—, ocurre en el mundo terrenal —no uno sobrenatural—, es total — transformará la Tierra por completo— y por último, sucede de manera milagrosa mediante la intervención de un poder sobrenatural.

    Esta creencia no es exclusiva del cristianismo y tiene paralelos en las otras cuatro grandes religiones espirituales, pero en lo que atañe al mundo judeocristiano en particular podemos diferenciar dos maneras en las que este fenómeno ha aparecido a lo largo de la historia: pre-milenarismo y post-milenarismo. En el primer caso, Jesús vuelve antes del evento milenarista y llega a un mundo absolutamente corrompido por el vicio y la decadencia, esto es así por la tendencia del Hombre hacia el pecado. Es decir, proceso histórico es pesimista y el mundo va hacia peor, es milenarismo catastrofista. Por contra, en el segundo caso, Jesús vuelve después del evento milenarista, por lo que nos encontramos en un mundo en el que ya sólo quedan los justos, es decir, el proceso histórico es optimista, es un milenarismo progresista. Aunque no hay que llevarse a equívocos, ya que esta acepción de progresista no es la misma que su acepción política, sí es verdad que es dentro de este último segundo tipo donde la utopía comunista se encuadra. Con el fracaso del socialismo real tras la caída del Muro de Berlín, esta última posibilidad queda descartada para los milenaristas de nuestro tiempo, por lo que sólo les queda una visión del fin del mundo de la del primer tipo.

    Como ya se ha dicho, esto es un fenómeno que ya se ha dado en varios momentos de la historia, en concreto en aquellos periodos de decadencia y en los últimos estertores de una era. Los momentos en los que los cultos milenaristas tuvieron más auge se pueden encontrar en el paso de la Antigüedad a la Alta Edad Media, en de la Alta a la Baja Edad Media y en el de la Baja Edad Media a la Modernidad.

    Supongo que el lector ya debe intuir a dónde quiero llegar. Lo descrito más arriba se parece bastante al discurso de la izquierda postmoderna, particularmente a una sección: el ecologismo. Generalmente, el proyecto de la izquierda ha sido definido en innumerables ocasiones como una herejía del cristianismo. Sin embargo, lo que diferencia a esta última iteración es que es una herejía del cristianismo en la que, como señala el filósofo esloveno Slavoj Žižek, no está Jesucristo. Sin Jesucristo no hay redención. Y sin redención, el fin del mundo sólo conduce al infierno.

    Sobre la muerte de Dios se ha hablado ampliamente en los últimos años, pero es necesario recordar que no se mata a dios como concepto abstracto, sino al dios cristiano en particular. Sin Él, lo que sucede es un retorno al pensamiento mágico y al animismo. El paso en esta ocasión es del Logos al Mito. Si nuestros ancestros creían en infinidad de mitos que explicaban diferentes fenómenos, en la actualidad nos encontramos con un mito exclusivamente porque el substrato monoteísta en nuestra cultura es demasiado fuerte. El producto de esto es que la nueva deidad de nuestro tiempo sea la Naturaleza. Si en el pasado los cultos milenaristas aparecieron para señalar los vicios y pecados característicos de cada era, el mayor pecado que se comete en el presente es el de la sobreexplotación de los recursos naturales, o al menos así lo ven los adeptos a la secta del calentismo. A través de la civilización y la industrialización, el hombre perdió contacto con el mundo natural. Se deduce de aquí que el método para acercarse a la nueva diosa es mediante la destrucción de todo aquello que nos aleja de ella. Escohotado dice de los comunistas que tienen un gran resentimiento a lo físico, el ecologismo como un subproducto menor del comunismo, es la consecuencia de llevar este resentimiento al extremo. El ecologismo es ante todo un proyecto anticivilización.

    Eliminar 2.000 años de cristianismo no es una tarea sencilla que se pueda llevar a cabo de un día para otro. La psique europea tiene embebida de sí en lo más profundo un poso judeocristiano para el que harían falta unos niveles norcoreanos de lavado de cerebro para hacer que desapareciera. Por eso permanecen en el ecologismo dos ideas principales del cristianismo. La primera es la del diseño inteligente, la Tierra es un sistema perfecto que se autorregula mecánicamente. La segunda idea es la del Hombre como criatura especial de la Creación, es decir, es su acción exclusivamente la que provoca que el sistema diseñado inteligentemente mencionado más arriba esté desajustado. Como dirían los schmittianos, las ideologías rellenan el vacío que deja la religión. En palabras de Michael Shellenberg: «El ecologismo hoy día es la religión secular dominante de las personas cultas, de la élite de clase media-alta en la mayoría de los países desarrollados así como en muchos de los de en vía de desarrollo. Provee de un nuevo relato sobre nuestro cometido individual y colectivo. Designa a buenos y malos, héroes y villanos. Y lo hace en el lenguaje de la ciencia, que provee la legitimidad».

    Extinction Rebellion Red Rebels take to Oxford streets in climate change  protest | Oxford Mail

    Es importante destacar que no hay que confundir esta versión apocalíptica sobre el Medio Ambiente con una sana conservación y protección de éste. Lo segundo es una actitud que cualquier persona que tenga amor por su país debería tener, lo primero no deja de ser otro producto de la pérdida de fe en la humanidad resultado de los acontecimientos de la primera mitad del siglo XX en la que ésta casi se destruye a sí misma mediante el asesinato industrializado y las bombas atómicas. El nihilismo y tanatofobia —temas para los que tengo previsto escribir en el futuro— derivados de esta pérdida de fe se suman al narcisismo generado por las redes sociales y hacen que el individuo postmoderno sea incapaz de lidiar con la idea de que después de que él muera, el mundo siga su curso como si nada. De ahí que considere que el mundo se destruirá cuando él ya no esté: «si yo no existo, el mundo deja de existir también». Si además le añadimos la división entre héroes y villanos y lo que Ernest Becker llamó proyecto de inmortalidad, lo que resulta es que nuestro individuo postmoderno encuentra una manera de hacerse inmortal al ser el héroe que hace que el mundo siga su curso tal y como fue creado cuando él ya no esté.

    Pero recuperemos el hilo, ya que el tema principal de esta entrada no es el ecologismo en sí, sino el culto al fin del mundo. Si se ha hablado de lo primero es porque es el mayor ejemplo en nuestros días de lo segundo. Pero eso no significa que sea el único. Esto es algo en lo que he caído en la cuenta recientemente: yo soy miembro de otra especie de culto milenarista. Si tuviese que decir cuál es mi apuesta sobre lo que sucederá en el futuro diría que es la de un colapso civilizatorio. Hasta aquí me ha llevado una pulsión extraña que me ha hecho sentirme tentado por visiones del futuro en las que nuestra civilización desaparece. He sido guiado por las lecturas de Spengler, Evola, Burnham, Yarvin, Dreher, Kaczynski e incluso shitposters en la órbita de lo que se denominó Graph Twitter. La peseta que faltaba para el duro vino con la actitud de los occidentales frente a la pandemia del SIDA chino COVID-19. La única solución posible era que esta civilización decadente y cobarde fuese destruida hasta los cimientos, que lo mejor que se podía hacer era tomar la pastilla transparente: desentenderse, hacerse fuerte y esperar al colapso porque ya saben eso que se dice comúnmente en nuestros círculos, no se puede conservador en un mundo en el que no queda nada que conservar.

    Pero hace unos días, departiendo con sinmasers sobre la secta del calentismo, tuve uno de esos relámpagos mentales que le ocurren a uno cuando hace un descubrimiento sobre sí mismo. Ese descubrimiento era que, al fin y al cabo, yo no era más que otro creyente en la idea de que el fin del mundo está cerca. La única diferencia radica en que mi mundo, o más bien mi visión de éste, es completamente diferente. Ante una misma actitud vital derivada de vivir en el mismo sistema, lo que se da es una adaptación ideológica. Si nuestro culto apocalíptico particular no tiene tanta tracción es porque las grandes empresas y bancos no invierten millones de euros en promover estas ideas. Si por lo que fuese, Iberdrola tuviese entre sus intereses corporativos la promoción de la natalidad en Europa, no dude el lector que veríamos anuncios publicitarios con txalapartas sonando de fondo mientras se moraliza sobre las virtudes de tener una familia numerosa. Lamentablemente, la física cuántica no ha sido capaz aún de transportarnos al universo basado donde esto ocurre.

    Port Augusta project - Iberdrola

    Gracietas aparte, es importante recalcar que estas nociones del futuro no son disparatadas, sino que tienen bastante parte de verdad. Tan cierto es que nacen muy pocos niños y que están intentando reemplazarlos con varones extranjeros en edad militar como que el entorno natural está siendo explotado a un ritmo de extracción de recursos y vertido de residuos con el que no es capaz de lidiar —hay un debate ético sobre si esto es inherentemente bueno o malo, personalmente pienso que es terrible, pero no es el tema de esta entrada—. Lo que sucede es que esto se encuadra dentro del juego de humo y espejos típico de las comunicaciones política y corporativa, donde se mezclan verdades, medias verdades, mentirijillas y mentiras para crear la sensación de que es imposible saber la verdad y, por lo tanto, abrumar con información al público para provocarle una parálisis por análisis.

    La capacidad de prepararse para un evento futuro catastrófico es lo que separa las naciones exitosas de las naciones que son un caso perdido, esto es incluso aplicable a las personas individualmente. Lo que reflejan estas predicciones sobre el futuro no es tanto lo que finalmente ocurrirá sino que reflejan lo que tememos en el presente. Pero predecir el futuro a través del presente no sólo es un mero sesgo cognitivo, sino que también es un error y es uno de los métodos principales que tienen los estados de meternos goles —aplanar la curva como el caso más reciente—. Quizás es una obviedad, pero no está de más repetirlo: que programas como Stata, Excel o Matlab tengan la función de darnos una ecuación geométrica para una serie de datos no es lo mismo que tengan el don de la adivinación. Repitan conmigo: las tendencias mostradas por los datos existentes no predicen el futuro a largo plazo. Reflejan tendencias y permiten hacer estimaciones, ya está. Por eso es imposible saber la temperatura del año 2050 y por eso Bitcoin no alcanzó los 100.000 dólares en septiembre de 2021 como decían todos los entusiasmados analistas que trazaban líneas en diagramas de velas. Hay quien tiene dificultades con esto, hay quien incluso pretende rebobinar la historia, pero lo cierto es que la Modernidad ha muerto. O, parafraseando a Nietzsche, la matamos nosotros. Como decía uno de esos esperpentos cibernéticos tan comunes en la época salvaje de internet (1989-2004 RIP): la vida es un lugar peligroso. El mundo no es la pizarra de Obama, el mundo es un caos, no un mecanismo.

    No queda cateto con ínfulas que no haya usado esta cita, y cómo este blog pertenece a uno, allá vamos: «Es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo». El lector ya estará acostumbrado al uso pueril y atrapalotodo que se hace de la palabra capitalismo, pero entiéndase aquí no como modelo económico en abstracto y teóricamente, sino su versión realmente existente, en términos amplios como la ideología de la postmodernidad. El nombre que reciba nuestra era será puesto por nuestros descendientes cuando la estudien, de momento conformémonos con llamarla como lo que viene después de la Modernidad, pero el ya citado Mark Fisher tiene un nombre alternativo: Realismo Capitalista. En sus propias palabras, es la noción extendida de que «el capitalismo no sólo es el único sistema político y económico viable, sino que hoy día es imposible siquiera imaginar una alternativa a éste que sea coherente».

    Comenté en Twitter que la apuesta de las multinacionales e instituciones financieras por la narrativa del cambio climático tiene que ver con una estrategia diseñada para un mundo en el que la escasez de materias primas es la norma, sea bien por mero agotamiento material, bien por conflictos geopolíticos, lo relevante es que intuyo que es falso eso de get woke, go broke, sino que lo que estamos presenciando es un desmantelamiento del sistema desde dentro por parte de las propias élites para resurgir en un nuevo sistema post-abundancia en la misma posición de dominio que en el sistema actual. Alguien me hizo un comentario muy agudo sobre esto y es que la escasez de materias primas es irrelevante para este plan de desmantelamiento interno, que en un modelo de capitalismo basado en servicios y finanzas, la economía productiva basada en la transformación de materias primas es más bien un lastre que las élites occidentales se quieren quitar del medio. En cualquier caso, sea cual sea el motivo, lo que intento demostrar es que los llamados globalistas sí son capaces de imaginar un futuro brillante alternativo para sí mismos, para lo que planean en consecuencia. Pero no me quiero distraer hablando sobre los intereses perversos de las multinacionales o el Partido Comunista Chino. Tampoco lo es engañar a nadie, viendo la pinta que tiene el panorama, es normal dejarse llevar por el desasosiego o el cinismo. Pero es importante señalar que la mayoría de males que nos afligen socialmente pueden ser revertidos en poco más de una década y la historia está llena de ejemplos cercanos que lo pueden probar.

    En su documental Hypernormalisation, Adam Curtis concluye que las protestas ciudadanas de los últimos años fracasaron porque se basaban en la esperanza de que se puede hacer una mejor gestión de lo existente en lugar de hacerlo en una idea que supusiese alternativa completa. Nos encontramos en una encrucijada en la que, por primera vez en décadas, aquellos que odian la vida tienen una idea alternativa completa e internamente coherente, idea en la que nuestra cultura y modo de vida son eliminados. Por ello es necesario no perder tiempo con lo superficial —para empezar porque no se puede discutir con un ideólogo—, sino que hay que ir hacia la raíz. Norman Cohn argumenta en su libro sobre el milenarismo medieval que en la «promesa ilimitada hecha con convicción cuasiprofética a hombres desarraigados y desesperados en mitad de una sociedad donde las normas y relaciones tradicionales se están desintegrando, descansa la fuente del fanatismo medieval […] también aquí lo hacen los fanatismos gigantescos que en nuestro día han convulsionado al mundo». Cohn escribía esto en 1957, si bien algunos de los síntomas de la enfermedad contemporánea ya estaban presentes en ese momento porque se pueden entrever a posteriori, lo hacía en una sociedad diferente a la actual, ya ni hablemos de la medieval. Nuestra sociedad se caracteriza por el exceso, donde se considera que cualquiera que sea el deseo que tengamos es inherentemente bueno y por ello debe ser satisfecho a cualquier precio. La satisfacción de todos los deseos lleva a la desidia y a la distimia como bien han probado las redes sociales, el entretenimiento infinito siempre disponible, las aplicaciones de citas, el porno gratuito, etcétera. Un exceso de hedonismo paradójicamente lleva a la anhedonia. En definitiva, vivimos en una sociedad caracterizada por ser rica en lo material y lo sensorial, pero pobre en lo moral. Cuando se tiene de casi todo pero nada de lo importante, es la consecuencia lógica caer en el desarraigo y la desesperación que llevan al culto del fin del mundo como señalaba Cohn. La crisis no es ecológica ni económica, es espiritual.

  • Las 400 Charos

    1. – En el Canto XXXIII del Infierno, Dante se encuentra en el Noveno Círculo con Ugolino della Guerardesca, un conde pisano de origen gibelino que se pasó al bando de los güelfos para entregarles Pisa. Años después, los gibelinos recuperaron la ciudad y como revancha le encerraron junto a sus hijos y nietos en una torre donde fueron abandonados para que murieran de hambre. Fueron hijos y nietos los primeros en morir y para Ugolino fue más fuerte la «inedia que el dolor» . Encuentro realmente curioso que Dante reservase el lugar más profundo del Infierno a los traidores a su patria y a su familia. Pero encuentro aún más curioso el paralelismo entre Ugolino y cierta generación, ya que ambos no contentos con arruinar la vida de su descendencia, acaban devorando lo poco que queda de ellos para alargar unos días su vida.

    2. – Este humilde servidor ya dedicó un artículo sobre la generación del Baby Boom el año pasado. Poco más queda que decir de ellos, así que será mejor que dediquemos nuestro tiempo a los que están en el otro lado de la cuerda, a su descedencia más joven, los llamados Zoomers. Hay quien piensa que las generaciones no existen realmente más allá de los análisis de mercado y consumo y que realmente todos los hombres de 20 años son iguales a todos los hombres de 20 años a lo largo de la Historia. Aunque hay bastante verdad en esto, no quiere decir que los Zoomers no sean una generación con su lugar propio en el curso histórico. Si los Boomers fueron la generación que disfrutó del punto álgido de la fiesta —de ahí que sean tan avariciosos— y los Millennials son la generación para la que las luces se apagan justo antes de que entren —de ahí que seamos tan lloricas—, los Zoomers son la generación a la que le toca pagarla sin ni siquiera haber hecho el botellón de antes de entrar. Para colmo de males, la fiesta ha dejado muchas secuelas y agravios, y por alguna razón desconocida, los varones de la Generación Z también tienen que tragar con el dedito acusador de los mayores por las travesuras y guarrerías que realmente hicieron estos últimos mientras duró la juerga.

    No hay acuerdo sobre cuál es exactamente el año de corte para ser considerado parte de esta generación, el consenso parece ser durante mediados de la década de los 1990s. En cualquier caso, esto es irrelevante, ya que es suficiente para colocar al Zoomer en un punto temporal en el que sólo hay recuerdos de una España que está sumida en la ruina económica y en la crispación política. Una España que degenera en todos los aspectos a cada año que pasa. De ahí que sea una generación en la que no existe el término medio ni el centro centrado, ésas son posturas ideológicas de lujo para individuos cuyos años de desarrollo ocurrieron en tiempos de abundancia y optimismo. Por contra, los tiempos aciagos requieren de posiciones que exigen retratarse y quedar mal con la otra mitad del país. A nadie que sea consciente de todo esto le puede sorprender que el partido más votando por los varones menores de 24 años sea Vox. Pero hay otro hecho relevante que quizás no es muy obvio. Durante la corta historia de internet, este sector demográfico ha sido siempre el más activo y creativo, el que crea las modas, tendencias y memes de cada época. Por eso, Españabola tiene absoluta razón cuando tuitea lo siguiente:

    Y esto preocupa mucho a los que quieren que la barca no se menee mucho. ¿Y quiénes quieren esto? Una coalición negativa pero muy amplia que va desde el liberal-conservador hasta la progre interseccional pasando por todo lo que hay en medio. De ahí que intenten desactivar continuamente a este grupo, bien acusándoles de no existir —son bots creados en granjas rusas— o de extremistas para mantener el status quo y que no se haga nada. El posible objetivo es desmoralizar, que la inercia creativa del joven radicalizado no vaya más allá de unas gracietas cibernéticas y que no acabe traduciéndose en un movimiento real en la calle. Pero hay ciertas situaciones que no se pueden mantener permanentemente sin que el saco se rompa por alguna costura. Es cuestión de tiempo que esta escena tenga una traslación que tenga efectos tangibles en la política española. Liderar esta traslación está ahora mismo en las manos de ellos mismos, si no lo hacen, acabará instrumentalizada por políticos arribistas como ya ha pasado históricamente con otros movimientos juveniles. Siendo el caso más reciente el del 15M, que partía de analisis de lo material muy similares a los actuales —los problemas de la juventud no han cambiado—, pero proponía soluciones diametralmente opuestas que paradójicamente acabaron profundizando en el deterioro del tejido social y desuniendo lo que no hacía falta desunir —siendo la guerra de sexos el ejemplo más palmario. Pero aquello fue un movimiento de Millennials, lo que está por venir será diferente porque estamos hablando de un tipo humano diferente y que trataré de definir brevemente.

    Fuera de la esfera de los extremadamente en línea, se suele mezclar indistintamente a Millennials y Zoomers, ya que se piensa que las generaciones vienen definidas exclusivamente por franjas de años, a lo que se suma el relacionar lo Millennial con lo joven y el mundo post-analógico. Sin embargo, esto no es del todo cierto, ya que cada generación tiene un hito. Por ejemplo, los Boomers son la generación de la abundancia generalizada y la Guerra Fría mientras que los Generación X son la de la Caída del Muro y la Globalización. Millennials y Zoomers comparten el haber crecido en un mundo digital, pero hay una diferencia significativa entre ellos, los primeros aún recuerdan el mundo anterior, los segundos no. Para ellos nunca existió la promesa de éxito profesional y vital a través de trabajo duro, estudios superiores y talento inteligentemente aplicado. Los Zoomers no se decepcionan como los Millennials porque su punto de partida es diferente, los primeros saben desde la casilla de salida que the game was rigged from the start y ni se molestan en participar en las pantomimas del orden liberal post-1945 y el Régimen del 78. Por lo tanto, podemos decir que los Zoomers son por encima de todo la generación de la pérdida de la inocencia.

    3. – La película francesa Los 400 Golpes (François Truffaut, 1959) cuenta la historia de un niño parisino (Jean-Pierre Léaud) que es un poco travieso pero de buen corazón. Sin embargo, una serie de pequeños sinsabores casi imperceptibles —le castigan sólo a él por cosas que está haciendo toda la clase, su madre es una golfa y le hace desaires, su padre es un hombre blandengue, etcétera— van golpeando poco a poco al joven protagonista hasta que acaba convirtiéndose en un delincuente juvenil. Es decir, no hay un único hecho traumático que le transforme, sino centenares de decepciones con el mundo que le van haciendo perder la inocencia, de ahí el título de la película.

    Pero la mención a ésta no es casual, lo hago porque ejemplifica cuál es mi impresión sobre la situación de los Zoomers españoles. Ellos especialmente. Su vida ha sido algo parecido, aguantar el dedito en el hombro acusándoles continuamente en el colegio, en la televisión, en el cine y hasta en el deporte. Las acusaciones son variopintas, pero se pueden resumir todas en una mismo pecado original: no son niños, son niñas defectuosas. Y modificar esto es algo que los aparatos educativo y mediático parecen tener como principal objetivo . A veces se hace de manera explícita, pero en la mayoría de las veces se hace de manera sibilina. De la manera que se puede esperar de las Charos, mediante comentarios despectivos e intentos de ostracismo social. Del mismo modo que Antoine Doinel fue radicalizado por 400 golpes, nuestros Zoomers fueron radicalizados por 400 Charos.

    Mis esperanzas están puestas en esta generación, ya que pienso que todas las anteriores nos hemos autodescalificado de una manera u otra. Lo que está por ver es si su rebelión llega a algún lado o simplemente acaba repentinamente al encontrarse con la playa.

  • Síndrome de Enajenación del PSOE

    Durante los años de la administración Bush, surgió en Estados Unidos el concepto humorístico del Bush Derangement Syndrome (Síndrome de Enajenación de Bush). Éste consistía en la reacción irracional e histérica a cualquier acción o declaración realizada por el XLIII presidente americano, independientemente del hecho en sí, generaba una reacción exagerada que no tenía nada que ver con la realidad. Este meme fue luego reutilizado para otros personajes públicos que generaban una reacción negativa exacerbada por cada una de sus apariciones y declaraciones públicas, estas personas tendrían el poder de hacer que un sector de la prensa perdiese la cabeza absolutamente. Entre ellos podemos citar el Lena Dunham derangement syndrome, el Lana del Rey derangement syndrome o el más reciente, el Trump derangement syndrome. Este concepto ha sido importado a España por la cyber-derecha, yo mismo lo utilizado para lo que traduje como el Síndrome de Enajenación de Ayuso.

    Cada uno tiene un papel en el mundo, supongo que el mío es encarnar el arquetipo jungiano del arlequín, especialmente frente a la derecha yorkshire terrier. Por ello me veo obligado a señalar la existencia de este tipo de trastorno en nuestro lado de la verja, el Síndrome de Enajenación del PSOE. No paro de ver una obsesión enfermiza con los socialistas dentro de lo que Pedro Herrero ha llamado derechita punk. No importa cuál sea la noticia del día o cuál sea la penuria que esté sufriendo España, de una manera u otra, es culpa exclusiva del PSOE. En cierto sentido, me transmiten la misma sensación que una feminista cuando habla de los hombres o un mexicano haciéndolo de los españoles. No es mi intención ser apologeta del PSOE ni mucho menos, pero intentaré dilucidar en este artículo por qué este enfoque es equivocado y cuál es el papel real de este partido en la situación de nuestro país.

    Abundan los lugares comunes sobre el papel del PSOE en la historia reciente, uno de ellos es el que expone que es durante la presidencia de José Luís Rodríguez Zapatero cuando España se va por el sumidero, quien acaba con la Españita feliz y la sume en la crispación, la época de apertura de melones para que una mitad de España pueda negarle la carta de ciudadanía a la otra mitad. En esta línea, hay otras visiones similares sobre otras épocas de nuestra historia, pero ésta en particular es la más reciente y la que más nos afecta cuando se examina la administración sanchista. Si bien es acertado decir que las dos legislaturas de Zapatero contribuyeron de manera significativa al deterioro de la convivencia, es necesario buscar cuál es el origen de estas tesis y, lo que considero más importante, por qué a pesar de ser una organización delictiva que ha arruinado a España cada vez que gobierna por su mezcla de latrocinio, nepotismo e inoperancia, el PSOE sigue siendo votado por los españoles y su discurso es dominante en la vida pública e intelectual española.

    La base teórica del Síndrome de Enajenación del PSOE de manera muy sintética es la siguiente: España era una especie de Arcadia feliz que existía sin historia en el éter, pero en 1879 llega este ente caótico y maligno llamado PSOE que lo destruye todo a su paso. Los españoles siguen poniendo su confianza en el PSOE para que éste solucione los problemas que él mismo ha creado porque controlan los medios de comunicación y la educación. Y por eso te pagan una mierda en el trabajo o la electricidad está carísima. Más allá de caricaturas burdas, es fácil encontrar el origen de esta tesis, la derecha liberal española, con Libertad Digital y El Mundo a la cabeza en el ámbito mediático y encargándose de propagarla. Ya es casualidad que el problema presentado por esta tesis venga a ser precisamente solucionado por el Partido Popular. Vaya, hombre, ¡qué cosas! Extirpado el PSOE como un tumor, con la gestión cartesiana y eficiente de los liberal-conservadores españoles, España volverá a la gloria de tiempos pasados. No sé, primo, suena a estafa.

    Ni siquiera voy a entrar en que el PSOE hoy en día no tiene nada que ver con el PSOE histórico pre-1939, cuyos miembros desaparecieron con la pasta y nunca más se volvió a saber de ellos. El PSOE actual tiene como origen a operativos de la CIA financiados vía la socialdemocracia alemana. La continuidad entre ambos partidos es meramente anecdótica en lo organizativo, pero sí existe una continuidad de espíritu. De ahí que los americanos apostasen por un partido-meme con cuatro gatos nostálgicos en el exilio en lugar de por el PCE, que sí se había mantenido localmente activo durante 40 años, que sí aglutinaba a la oposición democrática a Franco y que además había renunciado a la revolución en pos de la reconciliación nacional, por lo que no suponía un problema de establecimiento de un estado satélite de la Unión Soviética.

    Pero, ¿qué es esta continuidad de espíritu de la que hablo? Es necesario aquí esbozar lo que considero mi teoría de España, —cuando digo que es mía no me estoy refiriendo a que se me ha ocurrido a mí, sino que es la que yo considero cierta—. Esta teoría dice lo siguiente: España es un país sociológicamente de izquierdas en términos amplios, las élites económicas españolas son perfectamente conocedoras de este hecho, pero en lugar de apoyar y financiar medios e instituciones que contrarresten el izquierdismo sociológico del español, financian y apoyan medios e instituciones de izquierda que ellos mismos pueden controlar y domesticar para no volver a tener una Barcelona de 1936. No sólo esto, sino que además, la izquierda es tradicionalmente más proclive a incrementar el gasto público, de ahí que las principales empresas españolas dependan vitalmente del suministro de oxígeno del BOE. Dos pájaros de un tiro, extracción de riqueza a las clases populares vía el presupuesto público y afianzamiento de esta riqueza vía disidencia controlada.

    La alta probabilidad de un estallido social tras la Crisis de 2008, así como el desprestigio que sufría la izquierda institucional, hizo necesaria la creación de una válvula de escape. Mientras en Grecia los estudiantes estaban calcinando policías con cócteles molotov y cuando las organizaciones de extrema izquierda estaban creciendo rápidamente en España, surge el movimiento del 15-M de manera espontánea y sin ningún tipo de conexión con las organizaciones tradicionales de la extrema izquierda, —aunque luego fuese reapropiado por ésta, especialmente por elementos trotskistas—. Cuando el ánimo social iniciado por el 15-M empieza a irse de madre y las llamadas Marchas de la Dignidad empiezan a parecerse bastante a los estudiantes griegos, surge un profesor asociado de la Complutense con coleta que no para de aparecer en la televisión. Tras ello, llegaría la fundación de Podemos y la desmovilización absoluta de la extrema izquierda. El resto es Historia. Es kurioso que el timing de estos acontecimientos suela ser tan oportuno. Recordemos en manos de quién estaban las televisiones en aquellos tiempos por si alguien pudiese plantearse que el Partido Popular no es participante necesario. Y es que una derivación del Síndrome de Enajenación del PSOE es eso de considerar a la ejecutiva pepera unos lerdos que no se enteran de qué va el cuento.

    Soy consciente de que hay varias objeciones a esta teoría. La más común es aquella que dice que no es cierto que España sea un país sociológicamente de izquierdas porque hay determinados lugares de España, pienso en Castilla La Vieja, que son tradicionalmente conservadores. Sin necesariamente querer desmentir esto y aunque esto permita que haya gobiernos locales y autonómicos donde gobierna la derecha, lo cierto es que quienes presentan esta objeción olvidan que España es un donut invertido poblacional, muy poblado en el centro y en su periferia, pero absolutamente vacío en su interior, especialmente en las zonas basadas. Si bien pudiese aceptarse que España no es sociológicamente de izquierdas en términos espaciales, sí lo es en términos cuantitativos. Como se dice usualmente en inglés: demography is destiny.

    Y esto es lo que realmente importa. Se podría definir la democracia de manera teórica de muchas maneras, pero en su modalidad real, la que vemos ante nosotros, la realmente existente, podría ser definida como la gestión y el modulado de la opinión pública por parte de las élites económicas e intelectuales para el mantenimiento de su posición de poder. Para ello, son imprescindibles los medios de comunicación de masas, que para este caso que nos ocupa, operan como circunscripción única. De ahí que dé igual que el alcalde de tu pueblo haga de Lucio Cornelio Sila un moderado de centro, la televisión tiene más poder que él. Aunque realmente la izquierda no es mayoritaria per se, sino que se coaliga con otros elementos hostiles a la otra mitad socialmente conservadora, por esa cosa quasi-schmittiana de que el enemigo de mis enemigos es mi amigo. Y esto es lo que Zapatero cataliza durante su mandato y que Sánchez acoge como leitmotif de su política de pactos.

    Ahora cabría especificar a qué me refiero con sociológicamente de izquierdas, así como la causa de que los españoles sean así. Es importante resaltar que me estoy refiriendo siempre en términos amplios, de cosmovisión, de maneras de navegar el mundo, no de medidas sectoriales ni otras minucias. Definiré que alguien es de izquierdas por contraposición a lo que considero que es una persona de derechas. Hay varios elementos para hacerlo, pero me limitaré a los que me parecen relevantes para este artículo. Generalmente, podríamos decir que una persona es de derechas/conservadora si considera que existen unos valores morales eternos y absolutos, que la Humanidad decae y que hay un orden existente en el mundo que viene otorgado. Por contra, la persona de izquierdas/progresista considera que el fin justifica los medios, que la Humanidad progresa y que el orden existente debe ser derruido y sustituido. Personalmente, me parece bastante evidente que el español medio casa más con lo segundo que con lo primero. Repito, es irrelevante si el lector tenía un bisabuelo en Burgos que era pistolero de Falange y que ajusticiaba a anarquistas. Lo que me interesa es el cómputo global, lo general, porque es lo relevante para un sistema como el democrático con sus medios de comunicación de masas.

    Pero, ¿qué es lo que hace que se opte por una ideología o por otra? Voy a partir de dos premisas. La primera es que aunque pudiese haber un número infinito de ideologías, incluidas supuestas terceras vías, todo occidental tendrá una ideología que puede ser incluida de una manera u otra en el binomio planteado en el párrafo anterior, —por aquello de la dualidad de la mente europea—. La segunda es que la ideología de una persona viene definida por un proceso interno lógico, que puede ser consciente, inconsciente o por contacto con su entorno, pero que en cualquier caso existe al menos un proceso que racionaliza, —no confundir con razona—, la ideología. Podríamos considerar que hay tres vectores que dirigen el proceso ideológico: temperamento personal, condiciones materiales y doctrina. Toda la teoría marxista tiene como cimiento que la ideología viene definida por las condiciones materiales, que es manipulada por la alienación capitalista y que ésta debe ser superada mediante la elevación de la conciencia a través del estudio de la doctrina socialista. Esto viene ejemplificado perfectamente con lo que piensa el progre estándar sobre el obrero de derechas: tiene que ser necesariamente estúpido o mala persona, ya que si se limitase exclusivamente a sus condiciones materiales y a aceptar los chistes de Inés Hernand como hilarantes, la única vía posible sería ser de izquierdas.

    La razón principal de que esta noción sea fallida es que se ignora el otro vector, el temperamento personal. Debido a la supremacía del orden liberal instaurado tras 1945, cualquier planteamiento que pueda ser considerado mínimamente esencialista, es rechazado automáticamente porque su continuación lógica pone en peligro el orden dominante. Es decir, alguien no sería español porque es descendiente de españoles, es decir, porque es español en esencia, sino que lo sería porque tiene un documento proporcionado por la administración pública que lo acredita. Del mismo modo, esta concepción viene a ser aplicada a otros muchos aspectos, nadie viene predeterminado a priori, nadie nace de una manera u otra, sino que la persona es autoconstruida a través de sus apetencias y deseos particulares con el apoyo tanto económico como logístico de las instituciones públicas. Todo lo que sea negar esto es esencialista y, por lo tanto, nazi. Y ser acusado de nazi en Europa es como ser acusado de espía americano en Corea del Norte. Es la peor acusación que se puede hacer y dan igual las bases que haya para realizarla. La mala suerte que tienen estos tipos es que ya le hemos visto el cartón al tinglado y sus acusaciones de herejía nazi son irrelevantes porque hemos apostatado de su religión.

    Pero volviendo al temperamento, según pasa el tiempo, crece más mi convencimiento de que principalmente las personas nacen de izquierdas o nacen de derechas. O al menos, nacen con las intuiciones e instintos que hacen que sean más tendentes a aceptar una explicación del mundo u otra. Pongamos por ejemplo el reparto de la riqueza. Si yo tengo muy poco y el de en frente mucho, que éste debería darme lo que le sobra es una concepción aceptada por aquellos que consideran que es moralmente justo que la riqueza se reparta. No lo sería, por ejemplo, que el que más tiene use el excedente de riqueza para generar más a través de llegar a un trato con el que tiene poco en el que intercambian excedente de riqueza por fuerza de trabajo. Ni tampoco que la propiedad es personal, que es ilegítimo que un tercero te la arrebate. Nada, eso es una explicación absolutamente contraintuitiva, eso son rollos macabeos para la persona de izquierdas. No hay en el mundo demostración teórica ni empírica, ni experiencia real, ni gráfica, ni tabla que desacredite ante ciertas personas que el reparto automático de la riqueza lleva directamente a la escasez. Algunos vuelven de Cuba pensando que aquello es el paraíso. ¡Y los que piensan que aquello es un desastre es porque concluyen que no ha habido suficiente comunismo! Da absolutamente igual porque lo tienen codificado en su yo más profundo, es simplemente la manera en la que su cerebro procesa la información. Todo razonamiento les llevará necesariamente a concluir que si a alguien le sobra, tiene que dárselo a los demás incondicionalmente. Y esto no ocurre sistemáticamente en España de manera casual ni aleatoria. Una nación no es un hecho administrativo, sino una familia expandida que comparte un tronco común, de la misma manera que heredas el carácter de tu padre, tu padre el de tu abuelo y así sucesivamente, los rasgos tanto físicos como temperamentales son comunes en una nación porque lo que uno es viene definido por lo que es recibido de la familia, sea ésta la directa o la nacional. Es absolutamente absurdo pensar que los españoles comparten ciertos rasgos físicos porque tienen el mismo origen sin embargo pensar que la manera de ser viene determinada por una lotería cósmica y loca que decide cómo eres. La transmisión de genes no acaba en el cuello.

    Y aquí viene la única black pill que espero soltar en este artículo. En España este proceso mental es prevalente, una fracción mayoritaria de la población nace con él tallado en piedra en su yo interior y esto no puede ser cambiado mediante la instrucción ni la propaganda convencionales. Vallejo-Nájera lo sabía. Media España nació fucked up y lleva la ruina en la sangre. Los paralelismos entre la actualidad y la II República tardía no tienen en común solamente al PSOE como actor principal, que como ya se ha dicho, son organizaciones distintas que sólo comparten el nombre. Sino que el elemento común definitivo es que una porción significativa de los españoles tiene en su psique más profunda una pulsión telúrica hacia la autodestrucción y el sacrilegio. Relación directa tiene con esto la enfermedad nacional de los españoles: la envidia. Y aquí es donde el PSOE hace su magia. Cuando el votante socialista piensa que los ricos deben joderse y pagar más impuestos no está pensando en los millonarios que viven en La Florida, está pensando en su vecino cirujano que conduce un Audi. Pero el vecino cirujano tampoco es que sea mejor, ante la precariedad económica y laboral de su vecino, éste le responde: haberestudiao.

    Considero que es imprescindible señalar que España tiene un problema secular de desigualdad y élites corruptas, que han intensificado y justificado moralmente el odio africano del español. Podríamos discutir si la desigualdad es en sí mala o no. Personalmente, pienso que lo que es moralmente abyecto es la pobreza, no la desigualdad en sí, pero igualmente considero que no es sano para la cohesión de una comunidad nacional que haya grandes disparidades materiales. Localizar el momento exacto donde se comienza a desarrollar este resentimiento es complicado, pero una mezcla de observación directa y de repaso de la historia de España desde el siglo XVI me hacen pensar que esto es así. Tengo varios candidatos para culpables: la curia, la aristocracia latifundista y una casta funcionarial que se dedica a merodear por Madrid a ver lo que pilla para mamar y que tan bien reflejó Larra en sus artículos, —en esto último no hemos cambiado absolutamente nada. Pero el elemento crucial es que España fracasó en su incorporación a la modernidad al no tener un proceso de renovación de élites a fondo como Inglaterra o Alemania con sus revoluciones, sino que tuvimos en el siglo XIX una transición lampedusiana al régimen liberal desde el absolutismo. Este proceso histórico cocinó a fuego lento al pueblo español en un caldo de escasez, resentimiento y envidia que es el fondo perfecto donde una organización como el PSOE prospera.

    El secreto del éxito del PSOE es que en el fondo es el partido más conservador de España. Aunque tengan una agenda aceleracionista de transformación de la sociedad, aunque estén continuamente subvirtiendo las instituciones públicas, aunque incluso gestionen redes de prostitución de menores. Todo eso da igual, el PSOE es el partido más conservador de España porque es el único que, al contrario que los demás, no necesita cambiar el carácter de los españoles para gobernar, sino que los acepta como son y usa esto para mantenerse en el poder. Sólo ha habido un dirigente político que conocía a los españoles mejor que lo que lo hace el PSOE, Franco. Por esto se murió en la cama plácidamente, porque dio a los españoles lo que querían. ¿Y qué es lo que querían? Que les dejasen en paz, un trabajo y un piso en propiedad. Esto es el auténtico consenso y no las pamplinas de Eduardo Madina. Pero lo que también sabía Franco es que no podía dejar a los españoles opinar ni involucrarlos en el gobierno de España, porque eso era volver a abrir la caja de los truenos. Se nos educa para que pensemos que Franco nos quitó el derecho al voto cuando en realidad nos estaba protegiendo de nosotros mismos y el tiempo ha puesto de manifiesto por qué no se nos puede dejar solos.

    Puede que alguien lea este artículo y concluya que estoy exonerando al PSOE de sus pecados, nada más lejos de la realidad. El PSOE es el elemento más nocivo al que se enfrenta España en nuestros días. Lo que he intentado argüir es que el PSOE no es origen del estado actual de nuestra patria, sino un síntoma, una especie invasora que florece en un entorno a su favor. No existe el PSOE bueno y de orden. Y si existiese, no entraría ni con un diputado en el Congreso. Aun así es necesario ser conscientes de que considerar a dicho partido como omnipresente, omnipotente y omnisciente es otorgarle el poder de un dios, es una actitud que sólo conduce a la autoderrota. El PSOE es como mucho un falso ídolo, que pasará como pasaron otras muchas cosas. Pero estamos hablando de algo diferente.

    García-Margallo cuenta en su Memorias de un Heterodoxo una instancia en la que un patricio de los que hicieron su fortuna por cercanía al poder y el presupuesto público se quejaba de la legalización del PCE, a lo que el ex-ministro le espetó que se callase, que se estaba montando todo para que la gente de su posición no cedieran ni una peseta ni metro cuadrado de tierra, sino que probablemente todo lo contrario. De lo que en definitiva estamos hablando es de que la política es la lucha por el poder y para luchar es esencial tener claro contra qué o quién se hace. El enemigo no es el PSOE, son el Régimen del 78 y sus amos.


    Coda: Lo expresado en este artículo no tiene como objetivo deshumanizar a un sector de la población española. El objetivo es analizar y entender el por qué de las cosas. Vote lo que vote, tenga las ideas que tenga, otro español es antes que nada un hermano.

  • Populismo Ilustrado

    Carta a los jóvenes extremadamente en línea de parte de un ex-joven extremadamente en línea

    Esta entrada fue escrita originalmente para Ortodoxia Mag.

    Esta entrada nace de diferentes conversaciones que he tenido en las últimas semanas en lo que se refiere a qué se puede hacer con la energía creativa que se genera en cierta esquina de las redes sociales. Esta esquina estaría habitada por millennials y zoomers que aproximadamente se posicionan entre la derecha liberal mainstream y la derecha totalitaria, es decir, en el espacio ideológico entre cayetanos y paleros. Tradicionalmente, este espacio ha estado ocupado por los conservadores, pero esta etiqueta no encaja del todo porque muchos habitantes de este espacio consideran acertadamente que éstos fracasaron al retirarse del mundo y dejar a los hombres de negocios a cargo del corral, lo cual ha resultado en un dominio absoluto de la izquierda en el terreno cultural y un domino absoluto del capitalismo laissez-faire en el económico. El declive es tan pronunciado, que los principios del conservadurismo clásico son insuficientes y algún tipo de reacción/revolución desde este campo es necesaria para volver a nivelar el tablero.

    Esto además significaría que el conservadurismo es una etiqueta incompleta para bregar con los cambios sucedidos en los dos bloques clásicos de la democracia liberal en los últimos años y que los anglosajones comienzan a llamar post-liberalismo. El campo de la derecha ha sido ampliado al apelar a las clases populares abandonadas por la izquierda, pero también ha sido encogido por la huida de los tecnócratas de derechas adoradores del dinero (que en la mayoría de casos ni siquiera tienen). Dibujando con brocha gorda, tendríamos ahora tres espacios: izquierda interseccional, el tecnoliberalismo y la llamada derecha populista. Como resultado de esto, somos muchos los que nos encontramos dentro de una masa demográfica que aún no tiene una casa política definida en España, somos aquellos que nos consideramos conservadores en lo social y progresistas en lo económico, o más correctamente, en contra del capitalismo global y financierizado y a favor de un Estado generoso. Esto surge a modo de intuición, pero debido a la atomización de la modernidad, falta de referentes y al abuso de redes sociales, surgen una serie de ideologías-meme prêt-à-porter y con las que cada individuo aislado intenta crear un sentido y una cosmovisión de su experiencia sensorial, por lo que además de conservadores,nos encontramos con personas que se identifican como distributistas, tercerposicionistas, peronistas, corporativistas, democristianos, integralistas, neorreaccionarios, aceleracionistas, tradicionalistas, ranas memeantes y toda una retahíla de etiquetas que parece más un listado de trastornos de la personalidad que de sistemas de pensamiento. Es por ello por lo que es necesario acotar el espacio para definir aquello que muchos tienen como imagen mental pero que no saben definir ni delimitar verbalmente. Por utilizar un nombre relativamente extendido y para reunirnos bajo un mismo pendón, diré que somos la derecha popular. O populista.

    Una vez tengo cercado el espacio al que dirigirme, en el que además supongo que Ortodoxia tiene la mayoría de sus lectores, puedo avanzar en el objetivo de escribir este artículo, esto es, proponer un esbozo de hoja de ruta para aquellos que realmente tienen interés en participar en la vida de la polis y que quieren salir de la dinámica tóxica de memes y comentarios de las últimas noticias en la que percibo que se encuentra este movimiento incipiente. Soy perfectamente consciente de la existencia de elementos que están en este espacio porque no tienen otra cosa mejor que hacer con su vida y que en el fondo no tienen ningún interés en hacer algo más allá de perder el tiempo con su teléfono inteligente. A este grupo de cínicos no tengo nada que reprocharles, es más, les prefiero fuera, soy de la misma línea que el Papa ficticio Pio XIII, mejor pocos y buenos que muchos y malos. Lenin también decía algo parecido, que a pesar de ser uno de los hombres más execrables de la Historia, al menos le podemos ameritar el haber hecho que su movimiento acabase imponiéndose al resto, incluso sin ser una mayoría.

    Esto no es sólo necesario para actuar en el presente, sino para el mundo al que nos dirigimos y que la pandemia ha acelerado. En lo que a mí respecta, el presente lo podemos dar enteramente por perdido. Llegué a esta conclusión con las elecciones de noviembre de 2019, anticipé un Reich Sanchista de una década, por lo que considero un esfuerzo inútil prestarle algún tipo de atención a cada una de las tropelías con las que nuestros Presidente y Vicepresidente nos chulean cada día. Hemos tenido en 2020 un menú degustación de lo que nos espera en los próximos años, el tratamiento mediático e institucional que se ha hecho de la pandemia es una clara muestra del futuro que hay en el horizonte. Pero la misma noche que anticipé los 10 años de sanchismo, vi también cuál era la ruta para la travesía en el desierto, una oportunidad para atajar los problemas que nos habían llevado a perder y a no tener visos de ganar en el futuro cercano. A saber, la falta de estructuras intermedias y la cesión a la izquierda en los espacios ideológicos y culturales.

    Pero no podemos reducir el futuro a ciertas personalidades ni a las particularidades de España. Lo relatado más arriba se incrusta en un ambiente tecnológico, económico y político a nivel global. En el lenguaje del día a día, es muy común el uso de dictadura y totalitarismo como intercambiables, pero no son lo mismo. Podríamos definir un régimen dictatorial como aquél en el que un individuo o un grupo reducido de individuos controlan las instituciones y la sociedad, mientras que un régimen totalitario es aquél en el que una ideología única controla las instituciones y la sociedad. Es común que las dictaduras sean regímenes totalitarios (o viceversa), pero no es ése el escenario al que nos dirigimos. A lo que nos dirigimos es a lo que Rod Dreher denomina Totalitarismo Blando en Live Not By Lies, es decir, las instituciones de la democracia liberal seguirán funcionando en apariencia, pero el pluralismo será eliminado y éstas serán dirigidas a controlar todos los aspectos de la sociedad desde una ideología concreta. Este totalitarismo no ejercerá una violencia salvaje como los regímenes totalitarios del siglo XX, no tendrá campos de exterminio ni Gulags, aunque sí tendrá una Stassi. Este totalitarismo se esconderá detrás de una capa de terciopelo en la que la amabilidad y preocupación por los más desfavorecidos serán meras excusas para demonizar y perseguir a los disidentes. Hay otro factor diferencial con respecto al totalitarismo duro, los métodos de persecución al disidente no serán responsabilidad del Estado, sino que se derivarán a una serie de corporaciones privadas que controlarán el monopolio para definir lo que es la Verdad a través de la producción cultural, los medios tradicionales y las redes sociales; todo esto para forzar a corporaciones rivales o a individuos a tragar con todo aquello que los ideólogos del sistema consideran que se les debe obediencia. No te mandarán a los Monegros a picar piedra a que te mueras de agotamiento, inanición o tuberculosis, simplemente les bastará con darte muerte civil y convertirte un paria. Tienen para ello el control absoluto de la opinión pública y una tecnología cada vez más invasiva. En definitiva, tendremos una versión más nebulosa del sistema de crédito social en China.

    Es imprescindible entender que el sistema usa los principios de la izquierda interseccional en tanto en cuanto le son útiles para disolver y controlar, no porque persigan el establecimiento de una república socialista global, por mucho que diga Federico Jiménez Losantos, no estamos en medio de una revolución comunista. Trayendo aquí a De Prada, ojalá estuviésemos en medio de una, mucho más preferible a la degeneración moral que nos espera. La izquierda interseccional no es el problema, es el medio, por lo tanto hay que abandonar la obsesión con ella y aplastar la añoranza por el pesoe moderao. El interseccionalismo es útil al sistema porque degenera al hombre para que se preocupe únicamente de lo emocional y lo sensorial, para que olvide la razón, la moral tradicional y los principios, es decir, lo que Macintyre definía como emotivismo, pero mezclado con Un Mundo Feliz. Citando a Dreher:

    El totalitarismo blando explota la preferencia del hombre moderno y decadente por los placeres personales por encima de los principios, incluso de las libertades políticas. El público apoyará, o al menos no se opondrá, a la llegada del totalitarismo blando, no por miedo a castigos crueles sino porque estará más o menos satisfecho con la comodidad hedonista.

    Para terminar de tener una imagen completa, es imprescindible saber para qué es necesario todo esto y quiénes se benefician. Es decir, el cui bono. ¿Se trata simplemente de mera maldad o hay algo más? Las tecnológicas y sus amos nos van a dirigir hacia lo que Joel Kotkin denomina Neofeudalismo, esto es, un sistema socioeconómico donde tenemos una superclase global intocable, que vendrían ser los nuevos señores feudales, y una subclase de siervos que se depauperan cada día más y cuyas posibilidades de tener un proyecto de vida realizante o adquirir propiedades tienden a cero. La víctima principal de este nuevo sistema son por tanto las clases populares (clase media-baja y clase trabajadora). Los nuevos siervos deberán ganarse el pan en la gig economy. Siesto fuese insuficiente para vivir, nuestros amos nos proveerán con lo que nos falte a cambio de que les permitamos seguir exprimiendo nuestros datos y manipulando nuestro comportamiento (de ahí el impulso en Silicon Valley por la renta básica universal). Para que este sistema funcione, una capa intermedia es necesaria, Kotkin se refiere a ella como cleresy, un portmanteu en inglés de clergy (clero)y bourgeousie (burguesía), pero que en español conocemos como mandarines. Esta cleresía o clase media-alta sería la responsable de la producción cultural, dispensar soma en forma de entretenimiento total infinito y de mantener la ortodoxia ideológica. Es la Catedral de Moldbug, lo que en España algunos llamamos La Pesoe. El objetivo final es tener una masa de siervos que sean totalmente dependientes de los servicios prestados por Big Tech, que en un principio son gratuitos en términos monetarios, pero que en realidad se pagan muy caros porque el precio es tu soberanía personal y tu alma.

    Mientras estoy escribiendo el primer borrador de este artículo, las tecnológicas están llevando a cabo una razzia contra Trump y sus seguidores, lo cual me parece un ejemplo suficientemente esclarecedor para tomarse en serio lo que expongo. Por supuesto que habrá quien piense que los asuntos de los Estados Unidos no son de nuestro interés y tiene su parte de razón, a veces prestamos demasiado atención a la política americana, pero en este caso es diferente. Estamos hablando de un fenómeno global que tiene su proceso más avanzado en Estados Unidos, pero que va a acabar llegando a España, a donde todo suele llegar con un lustro de retraso, pero acaba llegando. A esto se suma que los prescriptores tienen una fijación especial con vender al español medio que somos un país atrasado, por lo que cuando llegue, lo cogeremos con más entusiasmo que nadie, como ya ha sucedido de hecho en otras instancias. Ocurrirá adaptado a nuestras circunstancias, quizás la raza no juegue un papel importante, supongo que los tiros irán más hacia la violencia de género o la Memoria Histórica, o incluso, quién sabe, la catalanofobia o alguna pamplina así. En cualquier caso, dado que vivimos en mundo globalizado, donde los dos países que se disputan la hegemonía mundial, China y EE.UU., tienen este proceso muy adelantado, es suficientemente realista pensar que alguna forma de totalitarismo blando acabará implantándose en España.

    Pero además de lo enunciado hasta ahora, todo esto es significativamente relevante para esta especie de movimiento incipiente que estoy intentando delimitar, porque al contrario que otros grupos, nosotros hemos nacido en Twitter. Es decir, otros grupos políticos nacen de movimientos existentes en el mundo real y se incorporan al virtual como herramienta para avanzar su agenda. Nosotros, por el contrario, somos individuos que asqueados por el panorama en el espacio público y por la ausencia de referentes en éste, acudimos a las redes sociales como vía de escape. En éstas conocemos a otras personas que se encuentran en la misma situación, con lo que se crea una especie de identidad de grupo. Pero esta identidad es un espejismo, no existe, no tiene influencia relevante ni siquiera en el campo de la derecha. Esto quiere decir que tener un movimiento basado exclusivamente en internet es extremadamente dependiente de los arbitrios de los dueños de las redes sociales. Es por ello por lo que es necesario que nosotros hagamos el camino contrario al resto, es decir, nosotros deberíamos ir de las redes hacia la calle.

    Debido a la persecución ideológica que Silicon Valley lleva a cabo, muchos están tentados a buscar alternativas como Parler o Gab. Esto en mi opinión es absurdo. Para estos asuntos, hay que estar dónde está la gente y la mayoría de ella está en Twitter. Pero hay algo más, no sólo es lo cuantitativo, sino lo cualitativo. Twitter ya no es únicamente un lugar donde comentar las noticias, éstas nacen ya directamente de Twitter. Lo que se discute ocurre allí mismo. Éste es el canal oficial, no nos queda otra. Las otras alternativas pueden servir parafedpostear, pero poco más. Lo anterior no es ni mucho menos una defensa de Twitter, sino una mera descripción de la realidad. Y para ser completamente honestos, lo realmente beneficioso a nivel personal es no estar en ningún lado, pero si hay que hacerlo, al menos que sea en un lugar que sea más productivo colectivamente.

    Sin embargo, hay que ser conscientes de los problemas particulares que genera. El más importante es la falsa sensación de estar haciendo algo por el mero hecho de estar ahí hablando de política. Esto la mayoría de las veces no es más que pasarse las horas peleándote con desconocidos sobre las noticias de última hora. Además de no llegar a ningún lado, el estar polemizando en línea continuamente no sirve para otra cosa que para instrumentalizarte para los fines espurios de terceros. Quizás es necesario recordar que todo funciona debido a la economía de la atención, tú no usas Twitter, Twitter te usa a ti. Pero no sólo Twitter, también los medios de comunicación tradicionales. Todos esos periodistas analfabetos y semi-alcohólicos sacan su sueldo miserable de las reacciones emocionales que producen sus artículos, porque cuando haces clic para entrar en éstos, los anuncios que ves están generados a la medida para ti. Da igual qué clase de basura haya en su artículo, a ti te aparecerán anuncios que el algoritmo entiende que apelan a tu manera de ser y a tu ideología, quizás libros con los argumentos más sólidos para refutar al periodista analfabeto. Pero incluso si no entras en su artículo, simplemente pueden vender a sus clientes y jefes el engagement en redes sociales que generan para exigir un precio más alto. Por lo tanto, es imprescindible dejar de seguir las noticias, lo último que consigues con ellas es informarte.

    Siempre hay quién tiene objeciones a esto. Se esgrime como argumento que hay que estar al tanto de lo que pasa y dar la batalla cultural. Hay quién incluso añade que es necesario escuchar la SER o leer El País para saber qué piensan en el otro lado de la valla. Lo primero y obvio, es que si es un hecho importante, te acabas enterando por otras vías, pero en la gran mayoría de ocasiones estamos hablando de falsas polémicas para generar tráfico en internet, puedes vivir perfectamente sin esa información, que además es basura cognitiva que será desplazada por la basura cognitiva del día siguiente, tomando un espacio valioso en tu cerebro para conocimiento que no te embrutezca, sino que te eleve. Pero segundo y más relevante, es un asunto de soberanía personal, de no dejarse manipular emocionalmente por unos elementos que te ven como una mera vaca a la que ordeñar atención.

    Pero si estos argumentos tampoco sirviesen, simplemente es necesario añadir que este artículo no será leído más que por unas decenas de personas, se contarán con los dedos de una mano aquellas que realmente me harán caso. Quédense tranquilos los que están preocupados por la batalla cultural, que hay millones de boomers que no entienden cómo funciona internet y que están disponibles para ser utilizados como siervos epistémicos en el arado de los campos del infotainment. Pero ya que estamos hablando de esto, quizás sea beneficioso detenerse un momento aquí. Cuando Cayetana Álvarez de Toledo fue destituida como portavoz popular en el Congreso, ella misma y otros muchos empezaron a hablar de la necesidad de dar la batalla cultural. Con esto, muchas personas bienintencionadas se estaban refiriendo a la necesidad de que la derecha convencional se apartase del discurso de la buena gestión y los impuestos bajos para volver a defender aquellos valores culturales y morales que importan a sus votantes. Esto que en principio puede parecer muy loable y razonable, acaba teniendo una aplicación práctica muy lejos de lo que se supone que pretende. El lugar último de la dichosa batalla cultural es el Síndrome de Enajenación de Ayuso, del que ya he hablado en otro artículo, o en nuestro caso y para ser honestos, el Síndrome de Enajenación del PSOE. Es decir, al final todo acaba en discusiones irracionales y bizantinas sobre asuntos que no tienen ninguna relevancia a largo plazo y que sólo sirven para avanzar las carreras profesionales de los políticos y periodistas que nos dicen que hay que dar la batalla cultural. Me entristece ver a personas inteligentes en mi feed, que de otra manera no votarían al Partido Popular ni borrachos, defendiendo a Ayuso o Almeida cuyo único mérito es hacer arder la sangre de los que se presentan como nuestros adversarios. Por lo demás, no representan nada de lo que nos favorece en los asuntos importantes. Son más de lo mismo. Pero esto vale incluso para políticos que supuestamente están en nuestra cuerda.

    Lamento repetirme, pero vemos de nuevo como somos utilizados por terceros para sus fines personales. Pero incluso si estuviésemos defendiendo a individuos virtuosos preocupados por el futuro de la nación, para que pudiese haber una batalla cultural sería necesario tener al menos un campo de batalla, el cuál no existe. Lo que tenemos son dos bandos haciendo maniobras en su Cerro Muriano particular. Por lo tanto, lo que sería mucho más productivo sería elevar a los tuyos en lugar de debatir con el contrario, que ni siquiera te reconoce como interlocutor legítimo, ya que considera que sólo es posible ser de derechas por dos medios, ser estúpido o ser malvado. En cualquier caso, el mercado de las ideas no es más que una construcción de cuatro whigs adinerados gracias al esclavismo y que en el fondo estaban de acuerdo en todo, no es válido para una sociedad con educación y medios de comunicación de masas donde los paletos podemos participar en la política.

    Llegado este punto es muy probable que haya personas que pueden interpretar que estoy dando mensajes cruzados, por un lado he dicho que hay que estar en las redes sociales pero luego he dedicado varios párrafos a describir la naturaleza tóxica de éstas y la utilización a la que somos sometidos por individuos con agendas propias. Lo que estoy intentando decir es que hay que estar en las redes pero hay que usarlas de manera inteligente y para nuestros fines, es decir, el crecimiento y avance de la derecha popular. Esto quiere decir que hay que estar en ellas para que otros individuos aislados como nosotros puedan darse cuenta de que no están solos y de que tienen espacios en los que participar. Pero que hay que ser un más espabilados y adaptarse al cerco de la censura. Para ser honestos, y sin querer hacer victim blaming de ése, sólo una minoría de figuras célebres son objetivo directo de censura, la mayoría de los cierres de cuenta que he visto son anons recordando a minorías sexuales y raciales ciertas estadísticas, cuando no directamente insultos o amenazas. Sinceramente, hay que ser más listos, el recordarle a según qué personas que van a morir de alguna enfermedad especialmente rampante en su grupo demográfico no es en particular ventajoso, además de cruel. Como digo, es mejor ignorar directamente al otro campo, no hay nada que rascar en el intercambio con ellos en las redes y suele acabar en cierre de cuenta por reporte masivo, en lo cual están bastante bien organizados.

    Como Millennial viejo, soy de la generación que vivió el internet salvaje de los dosmiles tempranos, el cuál se caracterizaba por dos cosas. La primera es la naturaleza propia del Internet 1.0, es decir, al contrario que el 2.0, el cuál está reducido a no más de cinco sitios web, lo que hacías en aquella red era eso que se llamaba navegar, había una infinidad de páginas web creadas por amateurs con mucho tiempo libre sobre temas de lo más variopinto, muchas de estas webs eran foros o chats. En éstos, sólo los dementes revelaban su identidad y foto real, era visto como algo excéntrico y el resultado es que la persona fuera víctima de abuso e insultos, razón por la cual, siempre sospeché que quién lo hacía debía tener alguna parafilia por la que le excitaba ser insultado por desconocidos. Pero continuando con esto, viene lo segundo, en las casas había un ordenador, que era El Ordenador de la Casa, tú te conectabas a internet cuando tu padre y tu hermano mayor te dejaban. En esencia, estabas una hora o dos bajando música, hablabas con otros sobre esta música recién descubierta y luego te ibas a la calle a seguir con tu vida, pero Internet no se quedaba contigo en el bolsillo. Había un elemento de creación de avatar anónimo, una segunda personalidad en línea que te permitía un cierto elemento creativo, pero que se quedaba ahí.

    Con el advenimiento del Internet 2.0, llegaron el exhibicionismo, los selfies y la conexión constante en la que identidad real y cibernética se acababan mezclando. Sin embargo, yo he mantenido esta especie de segundo personaje en línea que tiene algo de mí en lo personal, pero también muchos elementos novelescos. Esto es algo que hago precisamente por la cultura online a la que me expuse de adolescente, y que he relatado más arriba; pero que va a resultar muy útil viendo hacia dónde están tendiendo ciertos opinadores públicos. Habrá quiénes no nos tomen en serio por no usar nuestro nombre real y nuestra foto, hay quiénes hacen cierto escarnio. Esto viene de dos sectores, primero de ancianos que no se enteran de qué va la película y a los que no hay que hacer caso, pero segundo y más importante, por parte de miembros de la cleresía que quieren tener sobre ti el poder de cancelarte cuando les parezca adecuado. Es por esto que apuesto por cierto nivel sano de larpeo, si nadie es capaz trazar tu identidad real, es más difícil cancelarte y eres prácticamente imposible de ser baneado permanentemente. Si te banean como anonXYZ, mañana puedes volver como XYZanon. Y si te vuelven a banear pasado mañana, vuelves como anonZYX. Tus mutuos te reconocerán y eso es lo que debería ser suficiente.

    Lo que me lleva a lo siguiente. Excepto ciertas personas con más carisma que llegarán a tener miles de seguidores, lo ideal es tener una estructura online en forma de malla. Es decir, por mucho que lo restrinjan, internet no es un espacio físico, controlarlo y vigilarlo 100% es una quimera hoy por hoy. Pueden banear permanente a personas que dan su identidad real y aquellos que por su número de seguidores son fáciles de reconocer por los gestores de las redes sociales. Pero controlar a miles de cuentas con centenas de seguidores interconectadas en malla es una labor sísifea, mientras banean a 10, otras 10 cuentas nuevas se crean. Recuerdo que la persecución en el totalitarismo blando no la lleva a cabo el Estado, que sí tendría la capacidad para perseguirte legalmente, sino los censores de la propia red y figuras públicas que responden a los chivatazos que les pasan bum boys y charos con mucho tiempo libre y que se reducen a investigar la información que pueden encontrar en internet. De ahí que vuelva a traer a colación a la Stassi, serán otros miembros de la sociedad comportándose como burdos soplones los que te buscarán la ruina, no el aparato estatal per se.

    En resumen y para cerrar el ámbito online, hay que hacer un uso más inteligente de las redes sociales, esto es:

    • Evitar que el Ojo de Sauron nos encuentre, se hace no usando palabras que el algoritmo reconozca y no interactuando con individuos que están buscándote las vueltas para reportarte. Mi experiencia me ha demostrado que puedes evitar al algoritmo simplemente usando deletreo alternativo o términos sólo entendidos por los que te leen habitualmente. Esto además sirve para echar a chismosos y a periodistas. Algunos todavía me corrigen y recuerdan que no es demigrante, sino denigrante.
    • Las redes sociales deben ser un punto de encuentro y no un fin en sí mismas. Parafraseando a las enseñanzas cristianas, hay que estar en Twitter, pero no ser de Twitter.
    • Evitar la tentación de ser vanidosos dando nuestra identidad real. Se debe crear una identidad online que no sea trazable.
    • Generar una malla de usuarios afines que haga que los censores se vean una situación similar a la de intentar hacer un rebaño de una colonia de gatos.

    Una vez que la situación ha sido descrita y una vez que hemos establecido que los puntos débiles de la derecha en España son la ausencia de estructuras intermedias y la ausencia de referentes culturales e ideológicos en el espacio público, entonces podemos discernir cuáles deberían ser nuestros objetivos. Nuestra labor debe ir encaminada precisamente en dos frentes: organizacional e intelectual.

    El adanismo es un mal típico de los conversos como yo, el pensar que uno es el primero andando cierto camino es algo demasiado común y que en este caso viene justificado no por la inexistencia de referentes, como solía pensar en un principio, sino por la falta de visibilidad de éstos. Se suele señalar una falta de élites en la derecha. Con élites no me refiero a clase social, sino a élites intelectuales. Pero lo cierto es que una vez se hace una exploración más detallada, uno se da cuenta de que realmente sí existe esta élite. O mejor dicho, sí que hay personas que son esta élite potencialmente. Youtube está lleno de conferencias y presentaciones de libros organizadas por asociaciones culturales de las que los que somos más jóvenes de 40 años jamás hemos oído hablar. Independientemente del tema o de los organizadores, todos estos eventos son muy parecidos, un conferenciante por encima de los 50 años, un público no muy numeroso de más o menos la misma edad, presentación de un libro y unos cuantos lamentos sobre cómo está España. Luego supongo que todos se van a su casa con la satisfacción de haber hecho algo.

    La sensación que me suelen dar estos eventos es la siguiente. Normalmente son personas que por edad y por generación ya están en un punto en el que tienen su vida económicamente solucionada y no quieren meterse en muchos líos. Muchos de ellos son catedráticos de universidad, me imagino que deben ser el garbanzo negro de su departamento académico y no quieren que una panda de fanáticos les dé la chapa llegados a ciertas alturas de la película. Investigan, escriben sus libros y dan sus conferencias pero sin hacer mucho ruido, al fin y al cabo tienen una vida cómoda, tampoco quieren menear mucho la barca. Es decir, sí que existen esas personas con la formación académica e intelectual que nos podrían proveer de unas ideas genuinamente españolas sin tener que buscar referentes que nos son extraños. No somos nosotros los que hemos rescatado a Fernández de la Mora o a Balmes, ya existían una serie de personas a título individual que se han encargado de mantener la llama viva para que la encontremos. Están ahí, sólo hacerlos más accesibles al resto.

    No quiero resultar crítico ni echar en cara nada a estos señores, simplemente estoy intentando plantear una de las ideas principales de este artículo. Si me pongo en el lugar de estas personas, soy capaz de entenderles perfectamente. Al fin y al cabo, todos hemos sido en algún momento esa persona del grupo de amigos que tiene una ideología o unos gustos un poco… alternativos. Puedo entender lo que es la soledad intelectual, para avanzar una idea necesitas un público que te escuche, pero si lo que hay es La Nada, entonces es fácil caer en el desasosiego y retirarse a la comodidad de tu despacho. Lo que me lleva al tema central de mi propuesta. Es necesario crear un cuerpo de lo que serían los cuadros medios de una organización que ofrezcan esa estructura necesaria para dar una línea de comunicación entre la gente normal y las personas que realmente están en una situación por capacidad e intelecto de comportarse como élites. Es decir, esas personas que van a potenciar, debatir y promover en el espacio público ideas para que sean parte de los temas discutidos en sociedad. Los que van a dar una batalla cultural real. Pensábamos que no teníamos intelectuales, pero sí los teníamos, lo que nos hacían falta son currantes. Gente que se ponga manos a la obra. A organizar conferencias, grabar podcasts, escribir artículos o convocar movilizaciones. Si algo ha demostrado la pandemia es que los políticos españoles, incluso los que pueden ser de nuestro bando, se comportan como monarcas absolutos que no escuchan lo que muchos de sus votantes tienen que decir. Es precisamente por esto, porque no existe una sociedad civil organizada que les presione. No existe conexión entre el pueblo llano y las élites del país.

    He usado cuadros medios por falta de un término mejor, pero no me estoy refiriendo a crear una única organización en concreto. No lo he expresado explícitamente, pero se puede extraer de mis palabras que apuesto por una estructura descentralizada porque va a ser más difícil de ser cancelada o controlada por partidos políticos.Pero también porque cada persona tendrá una situación o algo particular que aportar. Los habrá que puedan aportar su mera presencia en eventos, los habrá que podrán producir contenido, los habrá que podrán editar libros o los habrá que podrán crear producciones artísticas. Lo relevante es dejar atrás el papel pasivo, ningún político basado te va a salvar. O al menos si no tiene un grupo de presión detrás. Cada uno debe asumir algo de responsabilidad y adoptar un papel más activo. Lo más difícil de moverse es echar a andar. No importa cómo lo hagamos mientras nos movamos. El mejor ejemplo que puedo dar es este artículo, ojalá lo escribiese otra persona más brillante, con mejor prosa y más sustancia intelectual, pero aquí me tenéis, un semianalfabeto producto de la LOGSE escribiendo más de 9.000 palabras sobre el futuro de la derecha popular española. Alguien tenía que hacer este trabajo y ésta es mi aportación.

    Los más jóvenes están de suerte porque ya existe algo que ejemplifica perfectamente el tipo de organización que tengo en mente y es Revolutio. Es perfecta porque es una organización política, pero no mucho, es decir, es un grupo de chavales con los que vas a tener afinidad ideológica pero vas a hacer actividades alternativas que te van a sacar de la espiral de ocio alienante y embrutecedor que te ofrece la modernidad, así lo explicaron algunos de sus miembros. Es así como se construye una nación y no esperando a que un político te rescate. Honestamente, si tienes menos de 24 años, deja de leer este artículo y hazte miembro.

    Desafortunadamente, hay otros a los que por edad un tren como el de Revolutio se nos ha escapado. Pero no hay que desanimarse, aquí las posibilidades son infinitas. Se puede intentar crear un magazine online como la propia Ortodoxia (o participar en ésta), se puede crear un podcast como Dialéctica Maestro-Esclavo o se pueden fundar las organizaciones adultas que den continuidad al proyecto de Revolutio cuando sus jóvenes tengan que abandonarla. Pero habrá un momento en el que habrá que ser más ambiciosos, quizás cuando todo esto sea trendy y lleguen el dinero y las mujeres.Llegará el momento de fundar editoriales, medios de comunicación con profesionales o think tanks. Pero para llegar ahí es necesario que sean rentables por la fuerza de los números. Y éstos no nos van a caer del cielo si los que pueden hacerlo no ven potencial.

    El objetivo final debe ser crear una contracultura conservadora, por lo que no es tan necesario crear organizaciones que se dediquen meramente a la politiquería y al activismo como abrir espacios en los que se pueda departir de cualquier aspecto desde posiciones moral y culturalmente conservadoras. No me refiero al eslogan manido de “ser conservador es el nuevo punk”, lo punk no es más que un berrinche adolescente desde el propio sistema, me refiero a una contracultura fuera de la cultura hegemónica. Esto es mucho más interesante porque nos proporcionará precisamente esos lugares de los que estamos huérfanos y que nos permitirán avanzar nuestra agenda más allá del ciclo electoral. Pero hay una ventaja añadida, esta contracultura trabajaría como red salvavidas en caso de que alguien fuese perseguido ideológicamente, incluso en la situación de verte desempleado, estarás en una red de personas que no te van a tratar como un apestado por tus ideas y que te pueden echar una mano si llegases a necesitarlo. Cualquiera que haya estado parado en España sabe que hay que tener amigos hasta en el Infierno cuando se trata de encontrar trabajo.

    Si se me permite, voy a intentar bosquejar las tres líneas que considero que deberían atravesar tanto el discurso como el relato que vayamos a construir. Adicionalmente a los temas que históricamente han caído en el campo de la derecha, como la unidad territorial o la defensa de las tradiciones, debido a los cambios sociopolíticos de la última década, se nos ha abierto una ventana de oportunidad para interpelar a aquellas personas que podrían simpatizar con nosotros por simple temperamento personal, pero que por una gran cantidad de motivos, muchos responsabilidad de la propia derecha, esas personas con intuiciones similares acaban encontrando las respuestas desde la izquierda porque es lo que tienen a mano. Estos tres ámbitos serían: Trabajo, Atomización y Defensa del Medio Ambiente. Ampliemos:

    • Trabajo: Este aspecto es crucial, es el punto donde la balanza entre izquierda y derecha se mueve cuando eres joven. Personas con intuiciones conservadoras acaban en el campo de la izquierda meramente por este asunto. Aquí es donde la derecha conservadora ha hecho más dejación de funciones permitiendo que sean los liberales los que marquen la agenda. Mientras no tengamos desde nuestro lado una respuesta contra la precariedad laboral, la falta de oportunidades o el paro juvenil vamos a seguir perdiendo. Las respuestas que tradicionalmente se han dado, han estado justificadas desde la responsabilidad individual o desde privilegiar más aún la posición del empresario. Y es que tiene guasa el asunto, si los empresarios no cumplen unos mínimos para proporcionar un trabajo con unas condiciones que permitan mantener una familia, lo que hay que hacer es eliminar esos mínimos. Eliminado el requisito, desaparece el pecado. Así es la lógica perversa del liberal español. En este campo es donde habrá que ser más creativos, pero será aquí donde se ganará la guerra, no hay futuro sin ofrecer un proyecto alternativo que interpele a trabajadores en lugar de únicamente a inversores y a empresarios como hasta ahora. Esto no debería darse necesariamente desde una visión de la lucha de clases, en que los intereses de trabajo y capital están enfrentados como pensaría un izquierdista, sino desde una visión de mutua colaboración y del establecimiento de un capitalismo nacional.
    • Atomización: Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre la soledad, la familia o tener hijos, no me extenderé mucho porque ya desde Ortodoxia se han publicado dos artículos recientemente donde está todo meridianamente claro. Pero por reiterar, si desde nuestro lado no somos capaces de ofrecer una alternativa a la atomización y al aislamiento que no sea una versión optimizada del individualismo y la psicoterapia, no vamos a ser capaces de atraer a esas personas que perciben que viven en una sociedad rota pero que sólo encuentran explicaciones desde un lado. Esto además serviría para dar respuesta a muchas de las cuestiones de la mujer, como la imposibilidad de ser madre, que ahora sólo están siendo respondidas desde el feminismo.
    • Defensa del Medio Ambiente: éste es un aspecto donde la derecha está siendo tremendamente torpe, precisamente arrastrados por la política electoral y las guerras culturales. Por el mero hecho de llevar la contraria a la izquierda, se va hacia el lado opuesto y se niega la mayor, cuando lo que se debería hacer es ofrecer una explicación mejor. En 2030 veremos a políticos peperos defendiendo Madrid Central y se les echará en cara justamente que el PP estuvo en contra. Esto es gastar todas las balas en la primera batalla de una guerra que será larga. La defensa de tu entorno es más que sentimiento natural, es un instinto. Está dentro de nosotros el querer cuidar lo que consideramos nuestro hogar, el oikos al que se refiere Scruton. Este hogar no es exclusivamente el espacio físico y la gente contenida en él, sino el espacio que lo rodea y que nos dota de unos contornos que perduran, un lugar que no es tuyo ni mío, sino nuestro. Por lo tanto, considerar la defensa del Medio Ambiente como algo propio de hippies y comunistas es otra estrategia perdedora. Para ganar, nuestra estrategia debe estar basada precisamente en nuestro entorno más directo y teniendo en cuenta otro tipo de agresiones al medio más allá de la contaminación atmosférica. No desde un punto de vista global ni exclusivamente centrado en la polución del aire como hacen el gretismo y el calentismo. No es que esto sea meramente un enfoque erróneo, ojalá fuese simplemente eso, sino que lo que hay detrás del gretismo no es más que pura transferencia de rentas desde las clases populares a la industria energética que se aprovechan de la ingenuidad y las buenas intenciones de jóvenes y no tan jóvenes.

    Si estas son tres líneas que hay que incorporar, no me gustaría pasar a siguiente tema sin tratar lo que hay que eliminar: las críticas a la izquierda. Los pocos que han conseguido tener cierta relevancia al margen de los medios tradicionales son aquellos creadores de contenido que se dedican a señalar los excesos de las feministas, nacionalistas o miembros de Podemos, pero esto es tremendamente improductivo más allá de los ingresos en Patreon de algunos. ¿Por qué se hace un trabajo de crítica que le corresponde realmente a la izquierda? Lo que esto muestra es precisamente el derrotismo y holgazanería de la derecha liberal y adláteres, aceptando que no quieren dejar su vida cómoda para implicarse en la polis y hacer el trabajo necesario para hacer prevalecer sus ideas, se dedican a sentarse en sus sillones a esperar que la izquierda no siga su propia naturaleza revolucionaria. Se quejan amargamente sobre la falta de moderación de la izquierda, esperando que la izquierda deje de hacer lo que sabe y debe hacer en función de sus propios objetivos. La izquierda nunca fue moderada, simplemente se encontraba en estadio anterior de su agenda, los nostálgicos de la izquierda moderada vivieron en una época de abundancia donde las majaderías de la izquierda no resultaban tan obvias ni tan innecesarias.

    Supongo que para finalizar el aspecto colectivo debería pararme en la participación en partidos políticos. Dejando al margen las diferentes pandas de fracasados en el mundo extraparlamentario, no hay realmente muchas opciones para la participación en política. Pasemos a analizar los tres miembros del Trifachito, ya que son éstos los que realmente tienen alguna relevancia en la vida pública. Empezando por Ciudadanos, nunca fue éste un partido de la derecha más que circunstancialmente debido a la ambición de Albert Rivera de comerse el espacio de un Partido Popular en la ruina, realmente nacieron como una alternativa cuerda al PSC y a eso están volviendo; no entiendo realmente a la gente que los critica por comportarse como el partido socioliberal que son y que tiene equivalentes en toda Europa. A continuación tenemos al Partido Popular, un partido moral y legalmente corrupto, más cerca del vertedero de la Historia que de una victoria a nivel nacional, aun así tiene un suelo electoral relativamente alto y un par de feudos, debe permanecer como un partido de ancianos que son demasiado mayores como para cambiar el voto a ciertas alturas de la vida, pero no es un lugar en el que se pueda hacer entrismo y marcar el mismo gol que marcó Trump. El PP es un cadáver insepulto. Por último tenemos a Vox, que no es necesariamente lo más interesante simplemente por cercanía ideológica, sino por ser un partido de nueva creación, por lo tanto es el partido con más potencial para parecerse a lo que nosotros buscamos.

    Tomar el poder de las diferentes agrupaciones locales del Partido Republicano y derivarlo hacia la proclamación de un nuevo César es el mensaje final en Bronze Age Mindset. No, chavales, ni fundar una banda de piratas, ni volver a la Grecia Heroica, ni consejos de automejora personal son las ideas últimas de este libro, aunque ésas sean las conclusiones extraídas por la mayoría. Esto no es casual, BAP ha reconocido él mismo que de la misma forma que Nietzsche escribía para una minoría de filósofos y literatos de su época, él se dirige a una minoría que realmente lo entenderán, todo lo demás son artificios y divertimentos que él mismo coloca para distraer a los menos capaces, su propio pseudónimo forma parte de esta estrategia. Personalmente, soy demasiado idealista y no me gusta aconsejar a los demás cosas que yo mismo no estoy dispuesto a hacer. Pero BAP tiene razón y puede ser aplicable en España, ahora mismo hay delegaciones locales de Vox sin muchos militantes, muchos de ellos adultos sin nada mejor que hacer y sin iniciativa propia, que podrían ser tomadas por un par de nuestros amigos si están dispuestos a dedicarle el tiempo y esfuerzo necesario. Soy un idealista, pero no soy un cínico, soy perfectamente consciente de que este tipo de participación política requerirá adular, traicionar y trepar. El que esté dispuesto a hacer esto, debería usar su talento aquí. Si alguien tiene que ocupar según qué lugares en política, al menos que sea de los míos. Tengo entendido que Vox es un partido teledirigido desde Madrid y que no hay mucho que hacer desde el nivel local, pero quizás se trate de trabajar hasta llegar al punto en el que tú tienes el control remoto.

    A pesar de todo esto, no tengo demasiada fe en los partidos políticos y es por ello por lo que mi propuesta va más encaminada hacia la creación de una sociedad intermedia que controle a los partidos en lugar de que éstos controlen a la sociedad según sus intereses. Como norma general, desconfío de la politiquería y no creo que el camino esté por ahí. Lo que a los políticos les interesa es su carrera profesional, siempre se aprovecharán del hecho de que la alternativa a su partido es considerada por ti como mucho peor. Se aseguran tu voto porque tú votas en contra de algo, pero ellos no hacen nada realmente por ti y tú nunca serás su interés. Y la prueba es que cuando llegan al poder, hacen exactamente lo mismo que el otro al que tanto temías. En última instancia, la salvación no está en la política, que no es más que un aspecto particular de la vida. La salvación no está en otro lugar que en ti mismo. Lo que me lleva al último punto que quiero tratar.

    Todo lo mencionado anteriormente no será posible sin que tengamos a los individuos adecuados. Hay una trampa particular en la que caemos todos que es la de definirnos contra un otro. Esto que en un principio es entendible, especialmente cuando el otro quiere acabar físicamente contigo, tiene una pendiente resbaladiza producida porque el otro se define también en oposición a nosotros, esto quiere decir, que muchas veces y por llevar la contraria, nos apropiamos de las etiquetas que el otro nos pone. Como el otro nos desprecia intelectualmente, muchos han visto en el mostrarse orgulloso de ser unos filisteos un arma arrojadiza con la que responder, cayendo en el conformismo y en el desprecio a la formación intelectual. El problema no reside en los viejos traumas que puedan tener algunos, de populares contra empollones, como si la vida adulta fuese una continuación eterna del instituto. La dialéctica hierros-libros es falsaria, no es una cosa o la otra, son necesarias las dos. El problema de la izquierda no es que lean libros, sino que leen libros de mierda que no han sido probados por el paso del tiempo. Está en la propia lógica progresista el estar siempre al tanto de la idea de última hora, esta idea de vanguardia será sustituida por la del año siguiente; esto les hace tener una ideología desestructurada que termina por desestructurar sus propias vidas. Pero además de este reflejo ante el otro, hay otro motivo para la negación a dejar la espiral de memes y Twitter, es la falta de voluntad para hacer el trabajo necesario. Es mucho más entretenido el seguir distrayéndose, contestando a cualquiera que sea la noticia del día que apartarse del rebaño y educarse en las ideas centrales de nuestra cultura. Como ya he dicho anteriormente, no juzgo moralmente al que decida seguir siendo un filisteo, me dirijo al que está distraído y no quiere ser uno. Esto no es una crítica al uso del humor o de los memes, los cuáles ha demostrado ser muy efectivos en desenmascarar la fealdad y ridiculez de los mentirosos que nos señorean, sino una llamada a trascender más allá de eso.

    Hay dos aspectos por los que el trabajo intelectual es relevante. El primero puede parecer un poco menor, pero puede tener su papel estratégico. Como ya se ha expuesto, es muy difícil para alguien abriéndose camino en el mundo hoy en día el acceder a patrimonio material, por lo que otro tipo de patrimonio aparece como premio de consolación, lo que se llama patrimonio cultural y que se manifiesta en forma de prestigio social. Este prestigio hoy por hoy está acaparado por la izquierda, por lo que aquellas personas que tienen sensibilidades intelectuales, culturales o artísticas acaban en posiciones de izquierda simplemente porque lo perciben como prestigioso, pero no por convencimiento ideológico. De ahí la hipocresía rampante en el mundo del artisteo. Esto que puede parecer pueril, juega su papel porque no somos seres sólo racionales, nuestro comportamiento muchas veces viene determinado por una serie de impulsos e intereses ocultos que nos avergonzaríamos de admitir en voz alta. Tengo la sensación de que muchos jóvenes, que podrían ser precisamente esa élite que echamos de menos y que tenemos que regenerar, están acabando en lugares simplemente por eso, porque son lugares, porque son reconocibles, se puede formar parte de ellos. Por esto es necesario recuperar el prestigio intelectual en la derecha. El mejor ejemplo que se me ocurre es el anteriormente nombrado BAP, quién combina el humor y la promoción de las pesas con un conocimiento enciclopédico de historia y filosofía. Ha llegado a ser la figura central que es por el respeto que se le tiene, adquirido por la manera que tiene de expresar sus vastos conocimientos. Influencers de los hierros hay millones, Bronze Age Pervert hay uno.

    Pero dejando al margen las motivaciones más bajas del ser humano, vayamos hacia otras más altas. El otro aspecto por el que es necesario que seamos más exigentes en el campo intelectual es por algo que ya he ido repitiendo, la necesidad de generar ideas nuevas, estas ideas nuevas sólo se pueden crear desde unos cimientos previos. Pero un momento, ¿no se supone que nosotros los conservadores y reaccionarios deberíamos rechazar toda idea novedosa? Esto se puede responder con un sí y con un no. Sí porque ser conservador es creer en que hay una serie de verdades eternas. Pero la respuesta también es no, porque no se trata de variar estas verdades, sino de ofrecer nuevas perspectivas a éstas para afrontar los retos particulares que nos encontramos en cada momento. Además, haciendo uso de la crítica de Chesterton a conservadores, si uno pretende cuidar una casa sin hacer nada en ella con la intención de conservarla, lo que se va a encontrar en el futuro es una casa en ruinas. Hay que hacer uso de la otra acepción de conservar, ésta es, la de llevar a cabo los trabajos de reparación y restauración necesarios para el cuidado de esta casa. No se trata de generar ideas desde cero, sino usar esas verdades metafísicas para darle sentido al mundo actual. Ésta es la mayor diferencia entre nosotros y la mente progresista, cuyo interés es transformar la verdad para adaptarla a sus fines, nuestro fin es hacer que ésta prevalezca. Esto se hace a través de acceder a un conocimiento verdadero, que según Platón, es la suma de buenas ideas más el logos, que podemos traducir en este contexto como justificación, razón o evidencia. En esta labor será importante el dejar de lado el apego emocional a una ideología particular, lo cual nos puede cegar, hay que estás dispuestos a aprender de manera heterodoxa, pero precisamente para ayudarnos a mantener la ortodoxia en los asuntos que nos importan. Pero no sólo se trata del uso que podamos hacer para nuestros propios fines más inmediatos, sino para que no vuelva a pasar lo mismo que hasta ahora, es decir, que sea difícil encontrar referentes o que los libros que nos interesan estén descatalogados. Es nuestro deber adquirir este conocimiento para pasárselo a las generaciones posteriores, el sistema educativo no es más que una cárcel para niños como dice socarronamente Bob Black, la verdadera educación se tendrá que dar fuera de éste y ese papel lo tendremos que asumir nosotros. Cito a Werner Jaeger refiriéndose a la educación en la Antigua Grecia:

    La educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y trasmite su peculiaridad física y espiritual. […] El hombre sólo puede propagar y conservar su forma de existencia social y espiritual mediante las fuerzas que la ha creado, es decir, mediante la voluntad consciente y la razón. […] En la educación, tal como la práctica del hombre, actúa la misma fuerza vital, creadora y plástica, que impulsa a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo.

    Éstos son, muy por encima, los que considero temas centrales a la hora de transformar a un grupo de un millar de tuiteros en un movimiento político, es hora de dejar la mera crítica y llantina en internet y empezar a involucrarse en el futuro de nuestro país. Por último, hay otro aspecto que se suele mencionar a la hora de discutir sobre cómo reestructurar la derecha que es el del papel de los cristianos y el de las parroquias. He dejado la religión fuera a propósito porque este texto es sobre política y ésta pertenece al César. Mi idea es crear un espacio político que nos libre de que la política lo invada todo. Además, ni ser cristiano significa ser necesariamente de derechas, ni todo al que va dirigido esto es cristiano. En este segundo caso, no se puede convencer a alguien racionalmente de las ventajas de tener un asidero en lo Trascendente. Me opongo por principios a hacer ese tipo de discurso. Sólo me gustaría añadir una cosa, que aquellos que hayan sido creyentes pero que se hayan alejado de Dios, intenten buscar en ellos esa llama y que retornen. Al fin y al cabo todo lo relatado en este texto son meros asuntos terrenales. Al resto, lamentablemente no les puedo ofrecer mucho, ellos mismos tendrán que buscar su propia respuesta en el aspecto espiritual.

    Antes de terminar me gustaría señalar algo importante. Puede que hagamos todo esto y no consigamos nada, puede que mis pronósticos de futuro no se cumplan, pueden que sean mejores o pueden que sean mucho peores. En cualquier caso, independientemente de lo que pase, incluso si se llegase a un extremo de un colapso civilizatorio, es importante que te pille con los deberes hechos, es decir, todo esto es igualmente beneficioso para ti personalmente para cualquier escenario futuro. Vuelvo a recordar, que en última instancia, la salvación no está en la política, sino en estar física, mental y espiritualmente en orden. Incluso si llegase el totalitarismo duro, ya tendrás dentro de ti las herramientas inmateriales que necesitas para sobrevivir, darán igual las prohibiciones y la represión, lo que ya está contigo no te puede ser arrebatado. Esto puede resultar tremendamente pesimista, pero aquí es necesario traer a colación a Sorel, no al héroe de Stendhal, sino al otro. En la introducción a Reflexiones Sobre La Violencia, el francés nos define optimismo y pesimismo, con dos versiones para este último. El optimista es aquél que considera que El Progreso es imparable y que necesariamente el futuro nos depara algo mejor. De éste se deriva la primera concepción de pesimista, que es el uso más extendido comúnmente, que se refiere realmente a optimistas que habiendo fracasado en sus empeños vitales se dedican a pintar el futuro en tonos oscuros y a decir que todo está perdido. Lo que en jerga memética se conoce como negropastilleado. Pero es la segunda concepción la que me parece realmente interesante y que quiero usar para todo lo descrito en este artículo, a saber, un pesimista sería alguien que es consciente de que el camino hacia futuro está lleno de obstáculos, que la mera maquinaria histórica no será suficiente para derribarlos, sino que es necesario el trabajo duro y tener una visión clara de lo que nos depara para prepararnos. Ésta es la auténtica definición de Progreso a la que nos debemos adherir, si se me permite el oxímoron, hay que ser progresistas pero pesimistas. El futuro puede ser mejor si se es consciente del trabajo necesario para ello.

    En definitiva y para resumir todo lo expuesto. Se avecinan unos tiempos en los que no sólo internet será menos libre, sino que internet controlará todo. Hay que retirarse de la cultura dominante, de sus medios de comunicación y sus productos de entretenimiento. Pero este retiro no hay que hacerlo al modo de las religiones orientales, esto es, retirarse hacia el interior de uno mismo para escapar del exterior. Hay que retirarse, sí, pero este retiro debe hacerse de la manera que nos enseña el cristianismo, retirarse no para mirar al interior, sino para mirar al exterior. La Historia está llena de ejemplos de cómo minorías bien organizadas, con ortodoxia en los principios y con un objetivo claro en el horizonte, han conseguido sobreponerse a cualquier enemigo y a cualquier dificultad. Es por ello por lo que necesitamos crear una contracultura conservadora, necesitamos crear un populismo ilustrado.

  • Zozobrando hacia el reino del malestar

    …haciendo un enemigo de nuestro propio futuro

    Esta entrada fue publicada originalmente en Ortodoxia Mag.

    Es una misión personal que Withnail & I (Bruce Robinson, 1987) sea vista por el mayor número de personas, es mi película favorita y no es muy conocida fuera de Bongland, donde es una obra de culto. Supongo que un mínimo de cortesía es debido y estoy obligado a avisar de la presencia de spoilers en este artículo, pero también es necesario añadir que estoy totalmente a favor de ellos. Los spoilers son La Civilización. El miedo al spoiler es odio africano, es literalmente globalismo. La fijación moderna con el spoiler y la longitud a la que llegan algunos para evitar éstos es enfermiza y refleja algo más profundo: la obsesión millennial con experimentar las cosas una sola vez. España estaría llena de niños si sus jóvenes fuesen capaces de hacer algo o ir a un sitio más de una vez sin que tengan una crisis de ansiedad o piensen que están perdiendo oportunidades únicas de tener experiencias inolvidables. Piensan que la vida debería ser un paseo en el Dragón Khan, pero es que la vida realmente se parece más a la espera de dos horas en la cola del Dragón Khan.

    Withnail & I es una comedia oscura y ácida sobre dos actores fracasados, semi-alcohólicos y sin empleo en el Camden de finales de los 1960s. Incapaces de conseguir siquiera un papel para algún anuncio publicitario cutre, deciden que necesitan un cambio de aires y descansar, para lo que le piden al tío Monty (Richard Griffiths) las llaves de su casa rural. Una vez allí, descubren que las célebres colinas y valles de los Lakes no son tan idílicos como se habían imaginado; hace un tiempo horrible, los locales son tremendamente hostiles a dos londinenses y reciben una divertidísima visita sorpresa que ellos, especialmente Marwood (el I del título), no encuentran tan divertida.

    Hay varios temas que atraviesan Withnail & I, a saber: la caída de la vieja clase media (landed gentry) basada en la propiedad, el territorio y los modos tradicionales, el ascenso de la nueva clase media basada en el emprendimiento, el capital móvil y lo socialmente líquido (managerial class), la decadencia material y cultural de Inglaterra tras el desmembramiento del Imperio Británico, el autodescubrimiento personal de dos jóvenes y lo que considero más relevante, la amistad masculina. Más de esto al final.

    Withnail & I es una película conservadora, esto lo digo sin atribuirle intención ideológica a sus creadores o a sus actores, no he encontrado pruebas de que esto sea así y no tengo ni la más remota idea de cuál es su ideología. Lo que sí puedo expresar con confianza es que el resultado lo es. ¿Por qué? Porque es un alegato de lo eterno, lo absoluto y de la existencia de un orden natural. Esto dejando al margen que no aparece ni una mujer hablando -las únicas que son interpeladas son insultadas (scrubbers, tarts) desde un coche en marcha-, o el uso de diferentes términos políticamente incorrectos ya en 1987 (spade, raving homosexual, toilet trader) para referirse a otros personajes. Y lo que es más importante, no hay peros, ni es-ques ni ninguna otra aclaración para manipular emocionalmente al espectador y mostrar que el personaje que lo hace es perversamente malvado como sucede con otras producciones audiovisuales cuando alguien menciona a un miembro de las demografías mágicas que la izquierda interseccional fetichiza.

    Pero además de lo expuesto más arriba, lo que la hace sin duda una película conservadora es su pesimismo. En línea con el milenarismo cristiano, lo que se nos muestra es que las cosas van a peor. La Humanidad no evoluciona, sino que se degrada. Hay un plano en el que vemos como un edificio de estilo eduardiano ha sido demolido mientras torres de hormigón de un council estate presiden erectas el horizonte. En pocos segundos se explica lo que Scruton te explica en una hora. La tragedia de Withnail (Richard E. Grant) es la tragedia de Occidente, un actor brillante versado en Shakespeare que no consigue siquiera un bolo en publicidad para pagar sus gastos mínimos. Es importante no confundir esto con los periodistas fracasados de la Almendra Central o las enfermeras con SEA (Síndrome de Enajenación de Ayuso) que prefieren trabajar en Afganistán a hacerlo en el Isabel Zendal. Porque lo que diferencia a Withnail de estos sujetos es su actitud ante el infortunio de no alcanzar lo que considera que merece, prefiere morirse de hambre y frío antes que tener un trabajo corriente o pedir ayudas sociales (I am trained actor reduced to the status of a bum!). Es esta visión aristocrática de la vida lo que hace de Withnail un personaje realmente poderoso. Withnail representaría así a la vieja nobleza menor, que depauperada ya sólo tiene como patrimonio su honor. Withnail es un antihéroe que resiste a un mundo que le entierra con el Progreso. Es un cuerdo en un mundo de locos. Es Julien Sorel. Es Don Quijote. Es Fausto.

    Marwood (Paul McGann) por contra representa el pragmatismo, la ambición y el solipsismo de la nueva clase media, es el interés propio de Adam Smith. Es el final editado de Grandes Esperanzas en el que Pip y Estella se van juntos. Él es alguien que diez años después de los hechos tendrá un trabajo gris como consultor en la banca y recordará con añoranza sus años locos de juventud desde su casita en las afueras. Una mera fase. Después de todo y a la primera oportunidad, Marwood deja tirado a Withnail para un papel que ha conseguido. No conocemos más detalles, pero sí sabemos que Marwood abandona Londres para irse a Manchester, donde probablemente empiece una nueva vida. Mientras tanto, Withnail seguirá en su espiral autodestructiva con Danny (Ralph Brown) y Presuming Ed (Eddie Tagoe). La película acaba en la despedida, una escena conmovedora en la que una vez que Marwood abandona la pantalla, Withnail recita el monólogo de Hamlet de Qué gran obra es un hombre. Llueve a cántaros y se apoya en la verja que separa Regent’s Park del Zoo de Londres, vemos pasar a unos lobos, quizás le estén escuchando, quién sabe. Simplemente sublime.

    He comentado al iniciar este texto que Withnail & I es mi película favorita. También he dicho que es una película conservadora. Pero estas dos preposiciones no son consecuencia una de otra, son independientes. De hecho, ya era mi favorita antes de caerme paulinamente del caballo y sólo llegué a la otra conclusión en visionados posteriores. Aparte de hilarante y brillante, es una producción que toca fibras en lo más profundo.

    Más allá de lecturas estirando la goma sobre su mensaje político, hay otro tema central en Withnail & I: la amistad masculina. Ésta ha desaparecido de la industria audiovisual. En las últimas décadas lo que aparece como mucho es una parodia de ésta, sin entrar en la insistencia en representar esa fantasía que es la amistad hombre-mujer. En la mayoría de ocasiones en las que se oye hablar en el espacio público sobre la amistad entre hombres se hace desde lecturas feministas o desde las autodenominadas nuevas masculinidades, partiendo de la tesis errónea de que un hombre no es más que una mujer defectuosa, alguien que reprime sus sentimientos porque tiene miedo, porque está incompleto. Lo que se nos refleja es que al final un hombre no puede tener amigos, sino competidores, que las relaciones amistosas entre hombres son fallidas porque no vemos la amistad desde las preferencias femeninas (gestos de afecto, emocionalidad, comunicación verbal constante). La visión más amable que representa la ficción moderna es la del bromance, es decir, cualquier acercamiento entre hombres debe ser necesariamente producto de alguna pulsión criptohomosexual. Siempre lo reducen todo a meros impulsos básicos y represión, para ellos no cabe otra explicación, supongo que es lo que sucede cuando no se tiene alma y se tiene una concepción meramente material de la existencia. El hombre normal y su naturaleza han sido borrados de la cultura audiovisual, ya no se le representa como otra cosa que no sea un botarate del que hacer escarnio. Como digo, esto va realmente sobre las proyecciones de feministas con el corazón roto, tipos con socialización pobre en su adolescencia o de ciertos miembros de la coalición de los marginados con una viruta en el hombro. Pero hay más.

    Hasta el siglo XIX los homosexuales no existían, son un invento victoriano. Lo que existía hasta entonces eran individuos que participaban en prácticas homosexuales. Pero nadie pensaba en ellos como un grupo con intereses comunes. Es la obsesión victoriana con la moral sexual que crea al colectivo para perseguirlo y por tanto la que crea la homofobia como la entendemos hoy en día. No es que hasta el siglo XIX la sodomía fuese una práctica precisamente bien vista, pero se perseguía y castigaba como acto, no como condición. Es decir, que señores se sintiesen atraídos por otros señores no les convertía directamente en fans del equivalente neoclásico de Lady Gaga ni los hacía un target específico de políticas sectoriales o productos de consumo. En esencia, lo que entendemos hoy en día por gay. Esta nueva homofobia de bajo nivel resultó de gran utilidad a los industriales victorianos porque se empezó a mirar a las relaciones cercanas entre hombre con sospecha, lo que dificultaría que éstos se empezasen a tratar fraternalmente y se uniesen para iniciar quizás algún proceso revolucionario. Pasas demasiado tiempo con los amigotes, ¿no serás tú un homosexuado de ésos, no?

    A lo que intento llegar es a que la representación de la amistad íntima entre hombres se encuentra en una pinza en la que a un lado está la percepción errónea del feminismo y sus aliados sobre la naturaleza del varón y al otro lado los que tienen intereses ocultos en que los hombres jamás establezcan relaciones profundas entre ellos. Dos hombres y un destino, Dersu Uzala, Cadena Perpetua o la propia Withnail & I de lo que van en última instancia es de vínculos íntimos entre hombres y la naturaleza de éstos. Del honor, la lealtad, el apoyo incondicional, la no-necesidad de comunicación mediada por la palabra o de su carácter fáustico. Un amigo no evita que vayas al infierno, sino que te acompaña y es devorado contigo por las llamas de la Eternidad. Las mujeres jamás entenderán esto del mismo modo que los hombres nunca entenderán que se siente al generar vida desde las entrañas — y no me estoy refiriendo meramente al dolor del parto, sino a algo más. La amistad entre hombres no se muestra con abrazos o hablando de tus sentimientos. No es que esto no tenga su valor y lugar, pero ningún tío valora a un amigo íntimo en función de si sabe escuchar o lo cariñoso que es, sino en la vez que se metió a darse de hostias cuando 20 gitanos te querían matar, la vez en la que distrajo al policía que os había parado para que tirases lo que llevabas encima o cuando simplemente estaba ahí en tus horas más bajas recogiéndote en coche y asegurándose de que no te saltases el gimnasio ni un día. También en las noches interminables de fiesta, en los desplazamientos para la fase de ascenso a Segunda o recordándote que un polvo perdido es un polvo que no se recupera. Sencillamente, el hablar sobre los sentimientos o el afecto físico no son los ejes sobre los que gira la amistad entre hombres. Y esto no es ni bueno, ni malo, simplemente es. No existe la masculinidad tóxica. Lo que es normal no puede ser nocivo ni dañino. No puedes juzgar a un caballo en función de su capacidad de subirse a un árbol. Es directamente absurdo.

    En un mundo en el que cada vez se tiende más hacia la atomización y en el que cada vez hay más basura, una película como ésta debe ser un recordatorio de las verdades atemporales, de esos valores que fundaron la civilización europea. Desde las Termópilas a Bangalore, pasando por la selva de Veracruz, el hilo que une todo es el hombre europeo con su espíritu prometeico civilizando al resto del globo, algo que se pudo hacer porque tenían a sus hermanos protegiéndoles la espalda, camaradas en los que confiar ciegamente. Hermanos de otra madre con los que conquistar el mundo. Esto es lo que los hombres-insecto de Bruselas o Washington DC quieren evitar a toda costa. Para ellos es mucho más preferible que tengas una amiga íntima a la que contarle tus penas y que secretamente anhelas, que vivas distraído constantemente por el torrente noticias de última hora o que tengas una dieta alta en porquerías que te pudren el sistema endocrino. Lo que les conviene es que seas pragmático, que lleves una vida cómoda, que hagas lo conveniente, en definitiva, que hagas lo que acaba haciendo Marwood. No intento juzgar moralmente a Marwood por priorizar su carrera profesional, como tampoco puedo juzgar los intentos de Withnail para que ambos se hundan juntos. Cada uno hace lo que considera lo correcto, sus destinos eran diferentes desde el principio y se limitan a asumir el lugar para el que están determinados. Uno querría ser Withnail, pero es reducido a ser Marwood. Ésta es la verdadera tragedia y lo que me parte el alma cuando Withnail le invita a una última copa de vino.

    ¿Qué es lo que estoy intentando decir? Que Withnail & I cuenta la verdad, por eso llega a un lugar que está muy cerca de casa. Porque la verdad escasea y la verdad es sinónimo de lo bello, incluso cuando se envuelve en un exterior sórdido y humor negro. Porque va de dos doomers sin rumbo ni dirección que se están arruinando la vida el uno al otro porque son inseparables. Porque entremedias ocurren cosas divertidísimas, tremebundas y absurdas. Porque todos hemos sido, somos o seremos esos doomers. Porque a veces hay que elegir el camino difícil. Porque hay cosas que son para siempre, incluso cuando se intentan dejar atrás, éstas siempre vuelven. Porque yo he sido el Marwood de alguien. Y porque yo he sido el Withnail de otro alguien

  • Turista permanente

    Let’s just say I’m a certain kind of tourist. A tourist that’s on a… permanent vacation.

    Esta entrada fue publicada originalmente en Ortodoxia Mag.

    Permanent Vacation es el trabajo debut del director americano Jim Jarmusch. Producida sin presupuesto (ni guión), mientras Jarmursch estudiaba cine en la NYU, narra la historia de Allie, un joven que vaga por las calles derruidas del Nueva York de 1980. No es una película que recomendaría, sin embargo he querido usarla para utilizar un concepto que la sobrevuela y que está en el título del filme.

    En el monólogo introductorio, Allie nos habla de su separación de los demás, como considera a las personas meras habitaciones por las que va pasando, en las que al principio parece algo nuevo, pero que una vez desaparecida esta novedad, es igual que las anteriores y es momento para dirigirse a la siguiente.

    Es justo aquí donde quiero llegar y el motivo por el que he elegido Permanent Vacation para esta pieza.

    Probablemente muchos se vean reflejados en lo siguiente. Veo el mundo como un observador desde la distancia, no me reconozco en la sociedad en la que vivo, como Allie, me limito a dar un paseo por las ruinas de un mundo que fue. La simulación en la que vivimos en 2020 es la versión de Hacendado de la original, o en términos tuiteros, es fake y g*ei. Ya no hay espacio para lo heroico, lo bello o lo que funciona, ahora todo es falso, grotesco y fabricado por/para China. Y los demás parecen estar encantados con ello. Pero yo soy un turista, un turista permanente, filmo con mis ojos lo que los demás hacen sin participar en ello. Estoy de visita y no tengo vínculo con lo que se ofrece.

    No es esto un ejercicio para presumir de ser contestatario ni diferente, todo lo contrario, mi cosmovisión era lo normal hasta antes de ayer, de ahí mi sensación de extrañeza, mi verdadero anhelo es el de ser socialmente conformista, vivir en el mismo mundo que los en el que las metas del resto son formar una familia, ahorrar y estar lo más presentable posible.

    Pero los que nos encontramos en esta situación no somos inocentes, somos participantes necesarios. Allie afirma no sentirse reflejado en el resto, pero la verdad es que él tampoco está muy católico, Allie es lo que podríamos denominar un larpero, un larpero de la Generación Beat, alguien que voluntariamente elige un avatar de Época Pasada Mejor como respuesta a su desapego con la realidad. Él tampoco demuestra interés en los demás, en sus conversaciones con los diferentes personajes que se encuentra, raramente hay intercambio, cada uno habla de sí mismo mientras el otro escucha pasivamente, cuando no directamente ignora.

    En 2016, tras las victorias de Bolsonaro y Trump o el Brexit, las publicaciones oficiales de la gobernanza neoliberal como The Economist o Financial Times utilizaron en sus análisis escleróticos la dicotomía somewheres vs anywheres, es decir, los que pertenecen a algún lugar concreto contra los que son de todos y de ninguno a la vez. Traigo esto a colación porque a pesar de lo que haya podido mencionar más arriba o de las diatribas en Twitter contra la globalización, en el fondo soy otro anywhere. Yo soy un globalista más.

    Cómo llegué a serlo no entra en el ámbito de este artículo y quizás no importe, lo soy por las circunstancias y lo soy por mi propia agencia, en qué grado influye cada parte es irrelevante. Lo relevante es cómo este fenómeno aparece en todo el mundo de una manera u otra, hay quien es consciente y hay quien no lo es, pero se manifiesta a través de toda la sociedad.

    Que me perdonen los editores de Ortodoxia y que me perdonen los lectores, pero sacar a Marx aquí se torna necesario. Entre lo poco que ha sobrevivido como certero del pensamiento marxista se encuentra su concepto de alienación (o enajenación, depende de la traducción). Ésta sería la separación (extrañamiento) entre el trabajador y la mercancia que produce al ir ésta dirigida al beneficio de un capitalista. En palabras de Marx:

    La alienación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.

    Pero Marx no limita este extrañamiento al trabajo, sino que el capitalismo no sólo nos enajenaría de nuestra labor, sino también del otro y de la naturaleza, incluyendo aquí lo que entendemos como el mundo natural (o mundo rural que dicen los cursis ahora) y la naturaleza humana.

    Del mismo modo que el obrero fabril decimonónico se extraña del producto de su trabajo al ser éste utilizado para la ganancia económica de un barrigón con bigote y sombrero de copa, nosotros estamos alienados del mundo actual porque lo construimos pero el resultado final, lo que nos toca experimentar de éste, nos es completamente ajeno. Es difícil sentir apego si no te ves reflejado en la sociedad de la que supuestamente formas parte.

    La alienación existe en la realidad material y por lo tanto está ahí independientemente de si es sentida o no, de si se es consciente o no. Por eso algunos, los conscientes, nos dedicamos al contrarianismo cibernético, cuando no directamente al larperismo; y otros, los no-conscientes, se dedican a ver series compulsivamente, le dan 20 vueltas al mercado en Tinder o tienen la mirada de los 1000 Diazepam. Dos caminos, el desencanto o la distracción constante.

    Pero la alienación no sólo consiste en sentir un espacio entre tú y los demás o lo que produces, hay otro espacio vacío dentro de ti, el que hay entre tu experiencia sensorial y el discurso aceptable en público. Es bajo el incesante martilleo de la cacareada corrección política (término que detesto, pero que uso por útil en esta instancia), que moldea la vida y consciencia de millones de personas en sus mejores años. El efecto va más lejos que una cuestión de libertad de expresión, estamos hablando de que tu capacidad para el pensamiento propio te está siendo arrebatada, no hay subjetividad, sino un discurso pregrabado, un delirio socialmente aceptable.

    Sé que esto va a ser polémico, a mucha gente no le gusta cuando digo esto, porque es simplista, pero he comprobado empíricamente que es así. Llámalo voluntad de sentido, llámalo misión sagrada o llámalo como quieras, pero nuestro papel en este mundo es crear nueva vida, o en su defecto, hacer lo humanamente posible para estar en la situación de hacerlo. Todo lo que nos aleja de esto, nos aleja de nuestra propia naturaleza, nos aliena. Por supuesto, hay excepciones, hay quiénes están llamados a encontrar la vacuna del SIDA, ayudar a unos negritos en Zambia o ganar una medalla olímpica, pero la realidad para el ser humano medio es la que es. Todo lo demás es un adorno.

    Algunos lo llaman neoliberalismo, woke capital y otros capitalismo tardío, en cualquier caso y para entendernos: la coalición de las élites político-funcionariales de ideología progresista con las grandes corporaciones del capitalismo financierizado. En cualquier caso, tanto unos (los burócratas) como los otros (los del dinero) han configurado un mundo que te aleja de tu naturaleza. Pero no todo está perdido, nuestro Creador, programador de la simulación o la puta suerte (léase con la voz del Murciégalo Montoro) han colocado los suficientes mecanismos de defensa para que nuestro organismo se rebele contra el estado de las cosas y de ahí muchas de las enfermedades que los dispensadores de pastillas negras se empeñan en publicitar. Como decía Russell Kirk: el individuo es estúpido, la especie es sabia.

    No tengo un programa político para revertir la marea neoliberal, soy un charlatán, pero hasta cierto punto. Lo que sí puedo aportar son unas pinceladas para navegar la hipermodernidad. Si el extrañamiento se produce por vivir en una realidad en la que no somos participantes y que va en contra de nuestra naturaleza, la manera de solucionarlo no puede consistir en el derrotismo, la desmoralización ni el retiro a la montaña a plantar patatas como el asesino larpero ése. La solución pasa por dejar de ser un turista, pasa por asentarse, por aceptar las verdades del barquero y por demostrar con nuestro ejemplo que seguir nuestra intuición de especie funciona.

    Ha pasado mucho tiempo y estoy cansado, es hora de volver a casa.